El riesgo nuclear

OPINIÓN

09 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA AFICIÓN europea, sobre todo francesa, a dialogar con dictadores y tratar de convencerlos progresivamente de la maldad de sus excesos no es compartida por la Administración Bush, que considera el tratamiento dado a la tiranía de los talibanes en Afganistán y al sátrapa Sadam Huseín en Irak como el único idioma que entienden y, por consiguiente, el único diálogo admisible. Algo que, según los expertos de la Casa Blanca, sólo es viable en un mundo unipolar en el que la acción todavía es posible; no lo sería en cambio en el sistema multipolar que preconizan países como Francia y que ven con buenos ojos rusos y chinos. Sin embargo, los neoconservadores americanos creen que algunos males tienen difícil cura, y acusan a Clinton de haber negociado a la francesa con Corea del Norte, mientras este país aprovechaba el tiempo para convertirse en una potencia nuclear. Con Bush esto no hubiera ocurrido, aseguran. Pero, ahora que ya ha ocurrido, ¿qué hacer? La Casa Blanca tiene claro que toca aguantarse y negociar. Es decir, combinar diplomacia y presión política y económica. Es algo que se puede hacer con un país. Pero ¿y si las naciones con armas nucleares aumentan? Irán está intentando lo mismo por una vía alternativa, frenando a EE.?UU. con la amenaza de involución política y el sacrificio de la apertura iniciada en el país. Bush observa preocupado y sorprendido la situación: es como si esta expansión de la realidad nuclear sólo inquietase a su país, mientras las demás potencias siguen dispuestas a dialogar con ayatolás y dictadores sin intentar atajar drásticamente la proliferación de las armas de destrucción masiva. El primer paso de EE.?UU. ha sido buscar la colaboración de Rusia para intentar neutralizar el riesgo coreano-iraní. Pero el segundo paso se adivina en el incremento del presupuesto militar. La Administración Bush ha apostado por una solución tecnológico-militar que permita afrontar la nueva realidad, llena de peligros y amenazas. ¿No debiera la UE hacerse alguna pregunta y convertir sus preocupaciones en soluciones prácticas? ¿O es que vivimos en un mundo distinto y somos intocables? Carlos G. Rei