Padres y éxito escolar

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

08 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HAN TENIDO que reunirse un puñado de expertos para certificar lo obvio: «que la implicación de los padres en la educación de sus hijos es un factor clave en el éxito escolar». Lo que saben todos los padres desde que el mundo es mundo y mucho antes de que Galileo dijese que la Tierra gira en torno al Sol y que es redonda y no plana, lo han anunciado a bombo y platillo en el libro El papel de los padres en el éxito escolar de los hijos (Aguilar), de Susana Pérez de Pablos. Nada menos que medio centenar de expertos internacionales -entre ellos el ex director general de la Unesco Federico Mayor Zaragoza y el especialista en Educación en Latinoamérica Juan Carlos Tudesco- y una veintena de estudios que cita el libro aseguran que la implicación de los padres en la educación de sus hijos es un factor clave en el éxito escolar de los alumnos. Entre los niños que van mejor en el colegio están -dicen- los de las familias que hacen un seguimiento de sus estudios y no delegan tanto en el centro escolar. Certificar lo obvio, después de dar vueltas a la noria hasta matar al pollino, es uno de los rasgos de nuestra sociedad, que achaca más el fracaso escolar al modelo educativo y a los profesores, que al propio seno familiar, más dado a quitarse los problemas de la educación de los hijos y delegarlos en instituciones públicas o privadas y hasta en jueces y policías, que a asumir la paternidad y reconocer que corresponde a los padres -y a veces también a los abuelos- educar a los hijos, incluyendo en ella no sólo los estudios, sino las amistades, la manera de ver la televisión, los comportamientos y hasta los hábitos alimenticios. En estos últimos resulta más cómodo comprar productos previamente cocinados y bollería industrial para la merienda que un plato de legumbres o verduras, un buen filete, una pescadilla y un bocadillo de chorizo o de sardinas en aceite. La disculpa es el agobio en el trabajo fuera de casa y las consecuencias son la desorganización del horario familiar y la ausencia de actividades comunes entre padres e hijos. Luego vendrán otros expertos y nos dirán que los niños más sanos y proporcionados son aquellos a quienes sus padres los alimentan con productos naturales de la dieta mediterránea y que en las comidas beben agua o zumos naturales en lugar de bebidas carbonatadas y con edulcorantes. Lo de toda la vida, vamos.