NO HAN DE ENFADARSE mis amigos portugueses si recuerdo aquel viejo chascarrillo según el cual, para llamar a alguien tacaño, se decía: «Gastas menos que Portugal en espías». Lo de no meterse en tales zarandajas los países de medio pelo y dimensión parece cosa de sentido común. Sin embargo, el presupuesto de nuestro Centro Nacional de Inteligencia va a crecer este año un 17%, alcanzando la fruslería de casi 27.000 millones de las antiguas pesetas para agentes, «material», gastos reservados y pasta gansa para sobornos y confidentes. Vamos a espiar al mundo y -se supone- salvarlo si es preciso de los peligros que lo acechen. Estas manifestaciones del «quiero y no puedo», los gastos excesivos del viejo aristócrata sin imperio o del nuevo rico fatuamente ostentoso puede ser que nos saquen del rincón de la historia, pero nos pueden llevar al de la vergüenza ajena, ese incómodo cosquilleo quemante que te sube desde la rabadilla hasta la nuca y te pone colorado. Sólo a algunos.