Visiones intercambiadas

OPINIÓN

DURANTE muchos años los europeos hemos visto a los norteamericanos como unos niños grandes, ingenuos, simplones y, como en el caso de Ernest Hemingway, un poco botarates y fantasmones. Era algo que, por otra parte, ellos aceptaban de buen grado, como una visión natural de la madre Europa. Pero las cosas han cambiado de un modo radical con la llegada de los neoconservadores a la Casa Blanca, y las definiciones se han invertido. Estadounidenses como Robert Kagan, influyente asesor de la Administración Bush, sostienen que ahora ellos son los realistas y los pragmáticos, mientras que los europeos son como niños grandes (¿o viejos liposuccionados?), ingenuos, simplones y, en el caso de Francia, bastante botarates y fantasmones. La guerra de Irak ha sido el detonante que ha hecho visible esta nueva realidad. La corriente de antiamericanismo que sacudió la «vieja Europa» sorprendió a los estadounidenses de un modo muy desagradable. Europa dejaba bastante que desear como madre, aunque se salvase la parte británica y, sorprendentemente, la española liderada por Aznar, junto con los países europeos del Este, sobre todo Polonia. Lo de Italia, con Berlusconi enfrascado en sus líos internos, era un sí pero no, que prefería acomodarse en el silencio para no desatar más iras en el país. Los halcones americanos lo tienen claro. EE. UU. está solo, y se basta. La ONU es «disfuncional, idealista, nada» (Robert Kagan en La Vanguardia ) y el acuerdo con Europa es una «ilusa ficción» mientras el eje franco-alemán defienda un mundo multipolar en el que la UE, Rusia y China tengan sus propios ángulos de poder. ¿Por qué tiene tanto interés la UE en incorporar a Rusia y China al tablero de decisión, cuando no tienen una democracia homologable? La respuesta estadounidense es simple: porque los europeos han dejado de ser realistas y pragmáticos y pretenden una multipolaridad que sólo puede ser honorífica, porque para la real no tienen capacidad. ¿Qué ha cambiado para que la UE no quiera seguir creciendo a la sombra de EE. UU.? Los halcones responden: ¡Otra vez los ingenuos sueños franceses! ¡París es culpable! Hace unos días, la prensa nos ilustraba sobre los hombres más ricos de EE. UU. Nos dice la corresponsal desde Nueva York, después de enumerar las enormes riquezas de unos cuantos señores: «Sin embargo, los ricos más ricos de la primera superpotencia del planeta, ni se han enterado de la pobreza en su país». Dejando a un lado el total desacuerdo con esta última opinión, puesto que si los ricos se hacen cada vez más ricos es sencillamente a costa de más pobreza, mi opinión va por el sendero de las enormes injusticias universales que hacen el que más de mil millones de personas vivan con menos de un euro al día, que cada día mueran más de 30.000 niños por enfermedades evitables, que cien millones de europeos vivan en la extrema pobreza, que millones de africanos pasen hambre, y así podríamos seguir citando las miserias que hacen a esos señores multimillonarios, como también los hacen a los grandes trust armamentísticos con sus interminables guerras.