Lo vi con mis propios ojos

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

A TORRE VIXÍA

27 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SI DEJÁSEMOS de hablar todo el día del Plan Ibarretxe, y si le reconociésemos al PNV el sacrosanto derecho de hacer castillos en el aire, no tengo ninguna duda de que el plan soberanista presentado por el lendakari se quedaría varado en el primer recodo del futuro, mucho antes de ponernos en el brete de cerrarle el paso en las Cortes Españolas. Pero si seguimos así, empeñados en hacer de frontón para que los nacionalistas jueguen a cesta punta, me temo que el problema va a crecer, y que muy pronto se nos hará necesario lo que hoy nos parece imposible. Ayer estuve en Vitoria, invitado a seguir en directo el discurso del lendakari. Y, aunque sigo creyendo que el Plan Ibarretxe es inoportuno, poco atractivo y políticamente inviable, también tuve la sensación de que estamos marrando en el debate, y que, si es evidente que Euskadi no va a alcanzar la condición de Estado libre asociado, también es verdad que el PNV va a ganar la batalla de la estrategia, extendiendo el debate a Cataluña, y obligando al Estado a imponer por la fuerza de la ley y los votos lo que hasta ahora se hizo por convicción y consenso. El Plan Ibarretxe no es más que una astilla producida por el choque frontal entre el PP y el PNV. Sin el ambiente de confrontación y falta de diálogo que se implantó en el País Vasco, como parte visible de una estrategia electoral diseñada por Mayor Oreja, las palabras de Ibarretxe sonarían a ridículo, y a nadie se le hubiese ocurrido ir hacia el futuro por un camino sin salida. Pero al haber utilizado la lucha contra el terrorismo para cegar los caminos del diálogo y para cuestionar la legitimidad del hecho político vasco, todo apunta a que el inexorable fracaso del Plan Ibarretxe no es más que una estrategia de precisión milimétrica, llamada a desencadenar las olas de reivindicación y victimismo que van a articular la política de Euskadi después de ETA. Ya les dije que estoy seguro de que Euskadi nunca va a ser un país libremente asociado a España. Pero hace sólo dos décadas también estaba convencido de que la URSS era un bloque compacto, de que Eslovaquia nunca se iba a separar de la República Checa, de que Letonia nunca iba a ser un país independiente en el seno de la UE, de que Polonia nunca iba a entrar en la OTAN para convertirse en fiel aliado de Bush, y de que el Kosovo nunca iba a lograr su secesión de Serbia. Por eso creo que es mejor dejarse de profecías y afrontar con realismo las cosas del presente. Y ese realismo dice que Ibarretxe ya logró convertir en tema nacional y prioritario lo que hace diez años no pasaría de ser una floja novela de ciencia ficción. Gracias, sin duda, a sus más fieles enemigos.