Mucha, mucha vaselina

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

YA HABLÓ Ibarretxe. Ya ha lanzado su plan. Ya hizo públicas sus intenciones y calendario. Ya sabemos a qué atenernos. El resumen es que su proyecto supera el Estatuto de Autonomía, no cabe en la Constitución y, por tanto, tiene un encaje muy difícil, por no decir imposible, en el ordenamiento legal. Es normal que los partidos popular y socialista le llamen «proyecto secesionista». Nos espera un tenso año de debates políticos y jurídicos, con un aviso que ayer ya lanzó Mariano Rajoy: el Estado tiene mecanismos para impedir ese asalto a la legalidad. Pero no nos engañemos. Mi opinión es que el desafío que lanza Ibarretxe no se debe contemplar sólo desde un plano legal. Y no se debe hacer porque el proyecto podrá ser inaceptable desde el constitucionalismo, pero tiene gancho popular. Por decirlo de una forma algo grosera, pero gráfica, trata de meterla con vaselina. Con mucha vaselina. Tiene como atractivo esa frase de que no busca la ruptura, sino la convivencia. Y coincide con el planteamiento de la mayoría, que no es otro que la desaparición del terrorismo. Se ha hablado nada menos que de un periodo post-ETA . Muchos ciudadanos de Euskadi, que no sean militantes de los partidos constitucionalistas , verán con buenos ojos el proyecto. Quiere decirse, con la serenidad que nos ha pedido Mariano Rajoy, que Ibarretxe no es ese iluminado que dibujan. Es un nacionalista que tiene un sueño, una utopía, y contará con respaldos suficientes para poner en un aprieto al Estado y obligarle a usar todos los recursos. Incluido, por supuesto, el de suspender la autonomía. Y quiere decirse que el combate desde la ley da victorias legales, pero no la victoria que haga ocultar lo que ayer arrancó en Euskadi: el ejercicio del derecho de autodeterminación camuflado en frases biensonantes. Se equivocan los españolistas si siguen utilizando un discurso de puro cabreo y ataque. Eso es muy eficaz entre los votantes del resto de España, pero no en el País Vasco, como se ha visto en las elecciones del 2001. Lo que ha demostrado Ibarretxe es que estamos ante un político frío, que maneja los tiempos y que sabe a dónde quiere ir. La práctica del puro enfrentamiento puede resultar beneficiosa para un dirigente que ha sembrado una semilla y ahora la va a abonar, cuidar, convertirla en árbol y esperar a que la fruta caiga madura. Esa es la técnica de una buena estrategia. Quiero decir con ello al Gobierno y a su partido que no menosprecien a Ibarretxe. Por enloquecido que parezca su plan y por ilegal que sea, tiene seguidores. Y aquí no se está tratando de discutir una norma de tráfico. Se está organizando la construcción de una nación. A eso se le responde con grandeza y hermosura en las ideas, no con simples diques de contención tipo «Ibarretxe está loco». Eso, hoy, no lleva a ninguna parte.