Un príncipe en casa

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

EN ARTEIXO nunca se proclamará la república. Por lo menos, mientras vivan las actuales generaciones. Y es que el rey Juan Carlos y el príncipe don Felipe han dejado mucho cariño en sus calles. Primero, el monarca ante unos niños que le decían: «Oye, Rey». Después, el Príncipe con su visita a La Voz, en una jornada que ya pertenece a la historia de esta casa y, probablemente, a la historia de Galicia. ¿Por qué a la historia de Galicia, si don Felipe venía solamente a entregar el premio Fernández Latorre a Carlos G. Reigosa? Porque este viaje ha sido más que una cortesía. En las palabras que pronunció había mucho amor, casi veneración, a la tierra. Don Felipe tiene recuerdos de infancia, no todos agradables, del pazo de Meirás. Estudió en Marín, lo cual hace que el mar gallego pertenezca al paisaje de su biografía más entrañable. Visitó las costas gallegas cuando se produjo la catástrofe del Prestige . Y ayer mismo recordaba, creo que emocionado, el ejercicio de solidaridad que la familia real supo encabezar en pleno dolor de la tragedia. Su estancia de ayer en el periódico líder de Galicia tenía, ante todo, ese valor testimonial de afecto. La segunda clave del viaje ha sido claramente periodística, especialmente valiosa en el panorama informativo actual. Don Felipe ha venido a honrar la memoria de un hombre, Juan Fernández Latorre. Y, personalmente, llamo la atención sobre los tres valores que el Príncipe destacó del fundador de La Voz de Galicia: su talante liberal, su capacidad de compromiso y el haberse constituido en punto de referencia para la democracia y los demócratas. De esta forma, el Príncipe rendía homenaje al periodismo de calidad, al que no practica la intransigencia, al que se basa en valores profundos y al que ayuda a la consolidación de la democracia. Desde la perspectiva de quien un día será jefe del Estado, la información tiene un papel fundamental en una sociedad libre. ¿Qué podemos hacer ante estas expresiones quienes nos dedicamos a la información? Sentirnos respaldados y empujados hacia una tarea informativa libre, crítica y sin más compromisos que los debidos a la sociedad. Don Felipe ha querido y sabido ser una prolongación del espíritu de Fernández Latorre. Y, por último, el hombre. Ayer, en La Voz, hemos visto a una persona madura, culturalmente inquieta, sereno ante las responsabilidades que le esperan. Si tuviera que definir su talante diría: le gusta más verse rodeado de la sociedad que de la autoridad. Y disfruta escuchando. Su capacidad para oír, su demanda constante de datos, revelan una personalidad abierta. Muy en el mundo de hoy. Si no fuera por el halo de magia que lo rodea, nadie que lo trate diría que está hablando con un príncipe. Está hablando con un hombre normal. Porque eso es: un hombre normal que se distingue de los demás porque se está preparando para ser rey.