El burro del molinero

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

SI ME DAN permiso para convertir en parábola el viejo cuento del molinero, tendremos que hacer el reparto de papeles. Y por eso espero que no les moleste saber que el pueblo gallego, del que formamos parte usted y yo, tiene asignado el papel de burro, sobre cuyos lomos viaja un molinero llamado Xunta, y un saco de trigo llamado Sogama. El burro, dice la historia, tiene una paciencia infinita, y por eso está resignado a que el molinero no pare de engordar y a que siga atiborrándose de órganos ineficientes y ejecutivos de pega, todo ello adobado con coches del parque móvil, mancontros oficiales -también para el cónyuge y los niños- que paga el erario público, y tarjetas de crédito oro que exhiben a diario en los restaurantes de Santiago. Pero ahora sucede que, sobre la descomunal gordura del molinero, se une también la excesiva carga del fardo llamado Sogama (33 euros por tonelada de basura recibida y una pretensión de aumento cercana al 65 %). Y por eso se entiende que hasta un burro tan pacienzudo como el pueblo gallego haya empezado a quejarse. ¿Y qué hace la Xunta? Pues hace lo mismo que el molinero aragonés cuando se le cabreó el burro, que, sin echar pie a tierra, ni parar de engordar, cogió su fardo de harina y lo separó en dos, dejando una parte en las ancas del animal, y echandose la otra al hombro, para repartir la carga. Porque eso es lo que hizo la Xunta para terciar en las negociaciones entre Sogama y la Fegamp, de manera que, en vez de obligar a los ayuntamientos a pagar 22 euros más por tonelada, a costa de las tasas pagadas por los gallegos, decidió asumir un coste de 12 euros por tonelada, a costa de los impuestos de los gallegos. Pero no se rían, por favor, antes de tiempo. Porque, lejos de poner la cosa en claro, y centrar su artillería en la definición y gestión del proyecto Sogama, y lejos de demostrar que han descubierto la deslealtad del molinero, que carga por un lado lo que descarga por el otro, llega la ínclita oposición y, sin valorar la carga total que lleva el burro, ni poner a dieta al molinero, se mete a discutir el reparto de los saquetos. Y por eso llevan unos días mostrando su terrible enfado por haber sido excluídos de la negociación de cambalache entre la Xunta del PP, la Fegamp del PP y la Sogama del PP. Si los gallegos fuésemos un burro listo no soportaríamos un debate de suma cero que sólo hace juegos malabares entre las ancas del burro y los hombros del molinero, y exigiríamos responsabilidades a quien nos metió en un lío general de tres pares de narices. Pero me temo que el pueblo tampoco le cogió el intríngulis al problema. Y bien que lo siento, porque la parábola no da para más.