Parece mala conciencia

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

LO QUE ha resultado imposible en Madrid será posible en Estrasburgo. Si el PP no lo impide a última hora, que lo puede hacer, el Parlamento Europeo investigará la tragedia del Prestige . Hubo una comisión de investigación en Galicia, y se ahogó en sus propias aguas. En Madrid, bajo la disculpa de que no se investiga lo que está sub júdice, no prosperó ninguna iniciativa. Todo se quedó, parlamentariamente hablando, en las explicaciones de Mariano Rajoy que, por cierto, no encontró sólidas resistencias argumentales en ningún partido de la oposición. Ni siquiera tuvo respuesta a su fácil desafío: «¿Dígame a qué puerto llevaría usted el petrolero?». Ahora, casi con un año de retraso, el Parlamento europeo pone al Gobierno español en un incómodo papel: cuando todo parecía olvidado, y los portavoces oficiales insisten en que las playas están «esplendorosas», ministros y otros dirigentes de este país tendrán que ir a declarar a Estrasburgo. Insisto: si el PP, finalmente, no lo impide. Y aquí viene mi duda personal: ¿por qué el Gobierno español y su partido se oponen a esta medida, que más parece un estudio que una investigación? ¿No habíamos quedado en que todo se ha resuelto bien, que se trabajó con eficacia y que los afectados están encantados? Si eso es así y, encima, no hay coste electoral por la tragedia, Gobierno y partido deberían estar encantados. Deberían haberse convertido en promotores de la iniciativa, porque sólo valdría, al final, para cantar sus excelencias y reavivar una memoria feliz de rapidez y eficacia. Y hay otro argumento para justificar el apoyo: esa comisión no busca solamente responsabilidades políticas, sino que va más allá. Trata de inspirar un cuerpo de «medidas adicionales sobre seguridad marítima». Es decir, que se debe esperar un empujón normativo para que las costas dejen de vivir con la angustia de esperar el próximo accidente. Pues ni así. Gobierno y partido siguen considerando que el Prestige está todavía sub júdice, y ningún estamento político debe turbar la lenta serenidad y la serena reflexión de los jueces. Por esa razón confesada, están dispuestos a perder una magnífica oportunidad de pregonar ante Europa la excelencia de su trabajo ante una calamidad ecológica. Renuncian al empujón de ese Parlamento para que se adopten medidas de prevención en el futuro. Prefieren quedar como unos dirigentes políticos con miedo escénico parlamentario, asustados ante la palabra investigación y reacios a abrir los arcanos de su verdad. Me parece extraño. Si en el Partido Popular no hubiera gentes tan serias como Aznar, pensaría que tienen algo que ocultar. O, por lo menos, mala conciencia.