LARGA es la historia de las relaciones entre las bestias ecuestres y el buen gobierno de las naciones. En ocasiones, el mandatario y su montura alcanzan tal complicidad que el équido acaba viéndose obligado a asumir labores de gobierno. Así, el emperador Calígula quiso hacer cónsul a su caballo Incitatus. En España, la historia habría sido otra si El Cid no se hubiese medido a los árabes a lomos de Babieca . El general Espartero, que derrotó a los carlistas, figura en la memoria colectiva por los colosales atributos de su montura, siendo lugar común la comparación «los tiene como el caballo de Espartero». Casi coetáneo es Pavía, que llegó a cabalgar en el hemiciclo de las Cortes, cargándose a relinchos la Primera República. Ya en nuestros días, es imposible no mentar a Imperioso, el animal de Gil y Gil , que sintetiza el delirio de la cultura del pelotazo. Enlazando con tantos episodios granados, el presidente Aznar cuenta ya con su propia doma, el caballo llamado El rayo del líder , obsequio del ex terrorista Gadafi. Un regalo hermoso, pero que crea problemas de Estado: ¿Le entrará en su piso a la familia Botella-Aznar cuando tengan que dejar La Moncloa?, ¿se quedará El Sucesor con El rayo del líder ?, ¿qué hacemos con el jamelgo si Zapatero da la campanada y llega a La Moncloa? En fin, para cabalgar a gusto, a El Rayo del líder siempre le quedarán las praderas amigas de Crawford (Texas).