De Ramala a Ginebra

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

14 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS CLAMORES del viernes en Ramala han contrastado con el silencio del sábado en Ginebra. Los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, convocados por Koffi Annan, secretario general de la ONU, en la ciudad de Calvino -teólogo de la predestinación-, silenciaban los términos precisos de su desacuerdo sobre el destino del proyecto americano para Irak. En Quintos de Mora, el presidente de Francia anticipaba la lejanía francesa de la propuesta de Colin Powell. Otra vez las espadas en alto entre París y Washington, aunque no tanto como se las tienen palestinos e israelíes tras desenvainar Ariel Sharon la decisión de deportar a Yaser Arafat. Los clamores de Ramala -que se extendieron al interior de Israel- encontraban su eco en las principales cancillerías del mundo. Palestina como problema se trenza con el problema de la enconada posguerra de Irak y del eco reticente de la preguerra. En medio queda la atascada diplomacia de un George W. Bush al que Oriente Medio le complica el camino para permanecer en la Casa Blanca. Arafat no renuncia a prevalecer entre los suyos y frente a Sharon, que le tiene por su bestia negra: en la propia medida que el Rais -representante electo de su pueblo- simboliza idea de independencia y soberanía plenas. Ari pretende que la futura Palestina sea lo que fueron los Sowetos surafricanos en tiempos del apartheid, o como una reserva amerindia. Poco más. Puede que, de alguna manera, quieran que pague Jordania los platos rotos. En Ammán se deben estar tentando la ropa ante la entrevista, esta semana, entre el rey Abdala y el presidente de EE.?UU. Hay situaciones que, por malas que sean, aún pueden empeorar. La nueva crisis de Palestina enreda aun más el gran debate sobre la reconversión del asunto de Irak en responsabilidad de todos, compartida, aunque lo montaran sólo unos pocos.