Rajoy: ¡qué bien!, ¡qué mal!

| ROBERTO BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

30 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ALGUNOS la seguirán considerando todavía la pregunta del millón, pero lo cierto es que la cuestión es ya del todo irrelevante: ¿por qué Aznar se ha decidido finalmente por Rajoy y no por Rato? Tan irrelevante es la cuestión, fíjense bien, que desde ayer a las cuatro de la tarde, cuando TVE desveló el secreto mejor guardado del PP, el asunto sucesorio ha pasado a ser, sin más, cosa del pasado. Rajoy será el próximo candidato del PP a la presidencia del Gobierno: ése es ahora el punto de partida y todo lo demás son enredos de aznarólogos . Como no he sido nunca ni aznarista ni aznarólogo admitiré que desconozco las razones que han podido determinar la decisión del presidente. Y si quieren que les diga la verdad, añadiré que tampoco me preocupan. Sí me preocupa, y mucho, sin embargo, el modo en que el dedazo de Aznar afectará a la competencia político-electoral entre el PSOE y el PP, pues es esa competencia la que determina esencialmente el desarrollo de la vida democrática española. Pues bien, desde esa concreta perspectiva creo que ayer nos enteramos de una buena noticia y de otra mala. ¿La buena noticia? Que Rajoy será el próximo candidato del PP. ¿Y la mala? La mismita: que Rajoy será el próximo candidato del PP. Ahora creerá usted, queridísimo lector, que la sorpresa me ha hecho enloquecer, pero verá que no tanto como en un principio pudiera parecer. La elección de Rajoy supone, en primer lugar, una buena noticia para todos los ciudadanos españoles, sean de derechas o de izquierdas y voten a quien voten. Pues con Rajoy ganaremos a un candidato dialogante, frente a un presidente de carácter claramente autoritario; a un candidato simpático y flexible, frente a un presidente antipático y mandón; a un candidato, en suma, que se parece, por cultura y por talante, mucho más a la inmensa mayoría de los votantes españoles de lo que se parecía quien es desde hace ocho años presidente del Gobierno. Pero ésa, que es la mejor noticia, es también paradójicamente la peor: pues serán precisamente las múltiples virtudes de Rajoy en comparación con los defectos bien conocidos de quien ha sido su mentor las que, previsiblemente, harán mucho más difícil que Rodríguez Zapatero pueda ganar las elecciones generales en España. Ello sería malo, desde luego, para los votantes de la izquierda, pero podría acabar siéndolo también para todos los demás. Y es que si algo demuestra la reciente historia democrática española es que la larga permanencia de un partido en el gobierno es fuente casi inevitable de muy diferentes abusos de poder. La eventualidad de tan larga permanencia es hoy, domingo, más posible que era ayer.