El gran enfado

| XOSÉ LUÍS BAREIRO RIVAS |

OPINIÓN

27 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La noticia del verano no es el calor, ni Beckham, ni la censura de Marbella, ni la proximidad de Marte, ni Irak, ni el crudo evaporado del Prestige , ni los tránsfugas Tamayo y Sáez. La gran sorpresa de agosto es que Rodríguez Zapatero está a punto de perder la paciencia, y que, si Aznar lo sigue amolando , está dispuesto a comportarse como un jefe de la oposición. Para abrir boca, y para que todos veamos que va en serio, se puso en plan Chiquito de la Calzada y tildó de cobarde al presidente más osado de cuantos tuvo la democracia española, capaz de enfrentarse a la ONU y a la UE al mismo tiempo, de hacer una guerra ilícita sin autorización de las Cortes, y de pasarse por el arco de triunfo todas las acusaciones de prepotencia, mentira e ilegalidad que le hace la oposición. Pero, lejos de refrenar su ira, el desconocido secretario general de los socialistas insiste ahora en llamarle cobarde -¡por la gloria de mi madre!- al gran campeón del discurso único, al que ningunea al lendakari, ilegaliza a Batasuna, reparte credenciales de constitucionalismo y liberalismo, y al único que se atreve a hacer unas elecciones mientras todo el país se manifiesta en contra de la guerra y el Prestige . Y es que Rodríguez Zapatero quiere sublimar en puro miedo los enormes desprecios que le llegan de la Moncloa, y por eso sueña con un presidente fracasado y acobardado en las postrimerías de su historia personal, como si fuese el PSOE el que lo echa, en vez de ser Aznar el que se va. Con el PP temblando como un junco -¡qué miedo, madre!-, el nuevo Zapatero nos quiere hacer ver que a muchos españoles, y a él mismo, se les está acabando la paciencia, sin darse cuenta de que los ciudadanos de este país estamos divididos en tres colectivos: los que están encantados con Aznar y creen que es mejor estadista que Zapatero; los que estamos disgustados con Aznar, y llevamos dos años enfurecidos con el seguidismo que hizo el PSOE en todos los temas de política general; y los que están dispuestos a soportar las simplezas de Blanco y Caldera a cambio de que, si Dios lo quiere y la suerte nos ayuda, nos veamos libres de la espesa mayoría absoluta que nos gobierna. Venir ahora con que se le está acabando la paciencia es de aurora boreal. Porque cada vez es más evidente la absoluta incapacidad del PSOE para romper las inercias creadas por Aznar en el discurso de la guerra y del terrorismo, de la prosperidad económica, del empleo y las pensiones, de la unidad de España y del orden democrático. Por eso, mientras el PSOE siga diciendo lo que dice, nadie podrá disuadirnos de que Aznar es la providencia hecha carne. Aunque a Rodríguez Zapatero se le agote la paciencia.