La premonición del «Prestige»

| GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN |

OPINIÓN

CUANDO el malhadado accidente del petrolero, a finales del 2002, el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa, dijo solemne: «Hay una cifra clara, y es que la cantidad que se ha vertido no se sabe», surgieron voces por doquier calificando la intervención de tontería, y yo me resistí a hacerlo. «El tiempo -pensé para mí, no siendo precisamente mucho más original que él-, termina por colocar a cada cual en su lugar». Y es lo que acaba de suceder. Aquello no era una observación, sino una premonición. El político estaba en el secreto que los demás acabamos de descubrir con la ecuación de que si en el Prestige hay 23.000 toneladas menos de fuel de las que ha venido diciendo el Gobierno, en las aguas gallegas hay un mínimo de 23.000 toneladas más de chapapote, que serían muchas más con la ganga que suele acumular. Recuerdo que a poco de producirse la catástrofe, Carlos Paniagua, un prestigioso consultor externo de comunicación corporativa, vino a la Universidad de A Coruña a impartir un curso. Afirmó sin ambages que, en lo tocante a su especialidad, se habían cometido los errores más elementales. ¿Lo es el hecho que acabamos de conocer? Porque la comunicación de Rajoy en Vigo ha estado precedida por otras muchas, avaladas supuesta o expresamente por el comité científico, en las que el Gobierno ha dado cantidades concretas del contenido de los tanques. ¿Simple error o estrategia para que no nos escandalizáramos más ante la gran cantidad de fuel vertido en las aguas? Cualquiera está legitimado, desde luego, para dudar de la última versión y concederle el mismo crédito que ahora es dado otorgarle a versiones anteriores. Al final, los hechos demuestran que la prudencia es la mejor consejera. Que le pregunten al delegado del Gobierno, que en este asunto del Prestige ha quedado como el más listo con aquella equívoca premonición. Él sí se merece una medalla indiscutible. ¿No hay quién se la conceda?