BARES es el lugar de la costa más al norte. Junto con Fisterra, un punto del globo terráqueo para perderse y disfrutar de la puesta del sol. Subiendo para buscar perspectivas sobre la ría del Sor, se encuentra el Semáforo, que fue castillo de señales de la Marina y hoy hotel con un comedor mecido por los vientos que nos traen a Galicia las borrascas. De regreso hacia O Barqueiro, parada en la playa Vilela, en un mesón capaz de hacer uno de esos arroces que en nada envidian a los del Levante mediterráneo. La vuelta por el Cantábrico, hágase en el Feve, con su trazado mágico, perfectamente adaptado al paisaje, con puentes como el que limita a las provincias de Lugo y A Coruña, y que se hace vecino de otro construido por Eiffel, en el París de la exposición y de los artistas de comienzos del siglo XX. En el concello de Viveiro, tantos lugares para la vista, para el descanso y para la buena mesa. Incluso un pequeño cementerio, a la subida desde Area a Monte Faro, con una perspectiva de la ría en todo su esplendor, para descansar mirando al sur. La villa del Landro, de Maruja Mayo, con la Placiña da Herba, más coqueta de la provincia de Lugo, para sentarse en las noches de cualquier verano a escuchar música y conversar, degustando un helado de Fontenova, unas tapas del Túnel, o una copa de La Librería. Pero antes de morir, una visita al Pazo da Trave, diseño integral, habitaciones, decoración, cocina, loza, del polifacético y aventado Otero Regal, capaz de poner su cerámica en todas las tiendas de los mejores museos de España. Baño en Esteiro de Xove, donde la mar ruge y hace remolinos en la más hermosa y salvaje playa. Y para recuperarse, Los Faroles, entre calamares, raxo y zorza. En San Ciprián, visita al faro para contemplar Os Farallóns; en su hotel Bellavista, la sorpresa al comprobar la relación calidad precio de su cocina. A los postres, tarta de galletas, especialidad casera de A Pousada, en el valle entre Cervo y Sargadelos, acompañada de queimada y sonido de la gaita que maneja Nando Blas, queimador mayor de Galicia. La Cazuela en Fazouro, Selmira en Cangas, La Villa en el concello de Ribadeo, pero sin olvidar la Cofradía de Pescadores de Rinlo, cerca de las viejas cetáreas de marisco. En todos estos lugares se conjuga la buena mesa, con un paisaje incomparable, que una vez más nos permite afirmar que A Mariña es uno de los últimos paraísos naturales del sur de Europa.