LO QUE está ocurriendo en Irak no permite apartar el foco informativo de este país. La violencia desatada desde el atentado contra la Embajada de Jordania el pasado día 7 (17 muertos) ha tenido una brutal continuación con el ataque al cuartel general de la ONU en Bagdad este martes, con al menos 24 víctimas mortales. La pregunta es clara: ¿estamos ante unos hechos aislados o todo esto responde a la planificación de un único órgano que ya aglutina y organiza la resistencia? Los temores de que estemos ante la segunda hipótesis les ponen los pelos de punta a los mandos angloestadounidenses. Sería la confirmación de que los errores cometidos en la posguerra (indiferencia ante la inseguridad de los iraquíes, consentimiento de pillajes y saqueos, prepotencia e insensibilidad ante las costumbres y sensibilidades locales) han tenido consecuencias muy adversas. El reconocimiento generalizado por haber acabado con el régimen de Sadam Huseín apenas ha durado, para ser muy pronto sustituido por un deseo no menos generalizado de que las tropas ocupantes hagan las maletas y se vayan. ¿Por qué estas prisas iraquíes? Porque los aliados no han garantizado casi nada de lo esencial: ni la seguridad, ni los servicios públicos (agua potable, electricidad, transporte, etcétera), ni han afrontado la famosa reconstrucción del país, que iba a ser financiada con el petróleo que atiborra el subsuelo del país. Nada. Hasta ahora casi todo ha sido tiempo perdido. Y los iraquíes están a un paso de echar en falta el mediocre funcionamiento de los servicios en tiempos del sátrapa. Lo cual dibuja un panorama preocupante que o se corrige en breve o acabará por provocar muchos disgustos. Estados Unidos tiene que ofrecer cuanto antes un horizonte que signifique también una esperanza para los iraquíes. Y debe poner el proceso en manos de la ONU, aunque para ésta sea un compromiso poco deseable. Las otras opciones son peores. La ONU se creó para dar una respuesta internacional a problemas como éste, aunque en su origen haya decisiones de tan dudosa legalidad como las de Bush. Las tropas españolas que llegaron el pasado martes a Diwaniya deberían ser parte de la solución y no del problema.