A cada cual, lo que necesita

| GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN |

OPINIÓN

LAS DOS PRIMERAS ciudades de Galicia proyectan la construcción de sendos palacios de congresos, hecho que debería llevarnos a ciertas reflexiones. Es evidente que tanto desde la Administración como desde sectores profesionales, esas infraestructuras se consideran fundamentales para desestacionalizar el turismo y que su aportación al PIB crezca. ¿Sucederá con los palacios de congresos como con los recintos feriales o los parques empresariales, por no poner más que dos ejemplos de los muchos que se podrían señalar? Si los palacios de congresos proliferan excesivamente, más que constituir un atractivo se convertirán en instituciones degradadas, incapaces de mantener una actividad mínima. O en infraestructuras que sólo con el mimo de los poderes públicos serán capaces de subsistir. Entre los más concienciados del sector turístico gallego se teme que los palacios de congresos proyectados en A Coruña y Vigo interesen a un buen número de poblaciones, que intenten repetir la experiencia. En pocos será posible que reproduzcan también el éxito que cabe esperar alcancen aquéllos. El problema que anticipamos ya se viene dando en el sector privado con la oferta de plazas hoteleras, que según todos los indicios son muchas más de las que es posible ocupar en Galicia. No solamente hay exceso de hoteles, sino de todo tipo de establecimientos relacionados con el turismo: se estima que son unos 37.000 en Galicia, incluyendo todos aquellos que tienen algo que ver con el ocio. Un exceso, a todas luces. Sucede, no obstante, que allí donde actúa la iniciativa privada es difícil que las administraciones públicas pongan cortapisas. Pero en casos como los palacios de congresos, en los que se trabaja con dinero público, el control es más fácil y exigible por parte de los administrados. Aunque con demasiada frecuencia, con tal de dar satisfacción a sus redes clientelares, a nuestros políticos parece importarles poco la rentabilidad del dinero público.