Fin de la impunidad

OPINIÓN

14 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Argentina y Chile están dando pasos claros hacia el final de la impunidad legalizada en etapas anteriores. La Cámara de los Diputados argentina, con el impulso del presidente de la nación, Néstor Kirchner, acaba de aprobar la nulidad absoluta de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que abre el camino para juzgar delitos cometidos durante la dictadura militar (1973-1986). En Chile, cuando van a cumplirse treinta años del golpe de Estado del general Augusto Pinochet, el actual presidente, el socialista Ricardo Lagos, también ha decidido coger por los cuernos el toro de la violación de los derechos humanos durante la dictadura y, en un discurso por radio y televisión, ha anunciado medidas para incentivar la información sobre el destino de los detenidos y desaparecidos, agilizar los procesos judiciales y reparar económicamente a las víctimas, incluyendo a los cien mil torturados. Se trata de dos decisiones históricas que vienen a conectar el sentir social mayoritario con unos gobernantes que finalmente se manifiestan libres de tutelas y temores. Las leyes argentinas de Punto Final y Obediencia Debida, también llamadas leyes de impunidad, fueron dictadas en 1986 y 1987 bajo presión de las Fuerzas Armadas, que amenazaban con cercenar la débil democracia y volver a las andadas. Por expreso impedimento de estas leyes no se pudo procesar a unos 2.000 militares y colaboradores de la dictadura, acusados de la desaparición de decenas de miles de ciudadanos en las más ominosas circunstancias, con siniestras secuelas como el comercio de hijos de las víctimas. Después de la sesión de esta semana de la Cámara de los Diputados aún quedan tramos por recorrer (Senado, Poder Judicial, etcétera), pero ya no parece posible detener la firme determinación de hacer justicia que ha anidado primero en el pueblo y ahora en sus representantes. Otro tanto ocurre en Chile, donde el presidente Lagos ha sido claro al afirmar que el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 fue «el momento más terrible en nuestra historia patria» y que «no hay mañana sin ayer». Felizmente, corren malos tiempos para la impunidad. El mundo se lo agradecerá.