LAZARILLO DE Tormes dice ser hijo de Tomé González y Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Pero su creador literario sigue siendo un misterio, como el de tantas otras grandes obras universales. Hace años un investigador, Sainz Moreno, defendió vehementemente que el autor del Poema de Mío Cid era un tal Jerónimo Visqué de Perigord, primer obispo de la sede salmantina. Y ahora le toca el turno de dejar de ser anónimo al Lazarillo , por obra de una filóloga de la Universidad de Barcelona, que atribuye su autoría al erasmista Alfonso de Valdés. La tesis no es por completo nueva. Pero ni esto importa. Sí esa pasión de buscar padres a hijos que ya son de todos, como si a los mitos y a los símbolos cumpliese la prueba del ADN. El Lazarillo siempre será, pese a quien pese, un huérfano abandonado y pícaro, ficción y realidad a partes iguales. Si le buscamos padre, acabamos con el mito y con el símbolo.