PARADÓJICAMENTE, la intensa ola de calor que se abate sobre España, con una secuela de devastadores incendios forestales, ha alejado la política internacional de las primeras páginas de nuestros medios de comunicación. De repente, al leer cualquiera de los diarios de estos días, al escuchar las radios o al ver los informativos de televisión, uno se siente asaltado por la sospecha de que ha desaparecido el batiburrillo de Irak, de que el presidente Bush ha dejado de inventar nuevos argumentos para sostener su cruzada, de que el conflicto judío-palestino ha pasado a mejor vida y de que Rusia se ha convertido en un paraíso silente sin enojosos chechenos. Los calores desatados estos días con alocados termómetros que han marcado 52 grados en algunos lugares, la gira del Real Madrid por Asia con dosis masivas de la estrella Beckham o el extraño pero no imprevisible golpe municipal y espeso de Jesús Gil en Marbella, se han entronizado en nuestros espacios informativos, sin la menor consideración para el resto. Es como si una ola de frío informativo se hubiera extendido sobre la Casa Blanca estadounidense, sobre el París de Chirac, sobre el Berlín de Schröder, sobre el Moscú de Putin, sobre el Irak de las detenciones masivas, sobre la Corea del Norte del enigma nuclear, sobre la tregua Ariel Sharon-Abu Mazen, sobre la guerra de Liberia, sobre el pulso de Lula con los sindicatos, sobre las «peronistadas» de Kirchner, sobre la Asamblea de Madrid, pobre... La lista es interminable y quizá algún lector sea capaz de recitarla completa, aunque no lo creo. La ola de frío hará que estos asuntos hibernen hasta septiembre, salvo sorpresas desagradables. El mundo en agosto simplemente es otro mundo, y las serpientes de verano, antaño tan pródigas y tan próximas de la fábula, han cedido el paso a la ola de calor, a Beckham, a Jesús Gil, a Norma Duval y a los vikingos de Catoira (los más auténticos desde que Kirk Douglas y Tony Curtis lucieron cuernos en sus cascos). Mientras, nuestras tropas se despliegan en Irak discretamente, a ver si, con suerte, no tenemos un disgusto. Pero no se preocupen: el mundo real volverá en septiembre con todo su vigor y su mala leche. Es sólo cosa de un mes... casi irreal.