La bola de nieve

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

ANTES DE estrellar sus ilusiones contra la monotonía del gobierno, cuando aún le quedan arrestos para llegar temprano al despacho e inspeccionar algunos negociados, los nuevos alcaldes de las ciudades y villas de Galicia se están viendo sorprendidos por una avalancha de informes que les hablan del grave estado de sus finanzas y del desorden impositivo y de gestión que propició lo que ya se intuye como una época de vacas flacas. Y eso hace que, lejos de poner en marcha los servicios que prometieron en la campaña electoral, o de aferrarse a la vieja utopía de «subirlle aos carabineros e baixarlle á contribución», las nuevas corporaciones deberán explicar por qué se deterioran los servicios existentes, y por qué hay que equilibrar a la baja los gastos correspondientes a la administración local peor financiada de España. Claro que, si algunos alcaldes merecen la comprensión del recién llegado, otros, en cambio, están heredando su propio desastre, por lo que en modo alguno deberían encontrar la indulgencia de unos ciudadanos que ahora se están enterando de que, lejos de estar gobernados por santos milagreiros, que hacían a diario la multiplicación de los panes y los peces, estaban administrados por auténticos pillastres que, en una sola generación, gastaron los cuartos de dos. También hay que decir que esta situación no se habría producido sin el apoyo de una sociedad que, además de desconocer el sentido de los impuestos que fundamentan el gobierno democrático, sólo sabe valorar el asfalto y los ladrillos, o sin que estos malos gestores contasen con la abierta complicidad de unos proveedores que, lejos de hacer sus transacciones en el marco de la legalidad, consienten en hacer suministros por vía de hecho, tratando de compensar con precios abusivos los riesgos financieros y los retrasos de cobro que son previsibles en unas Administraciones que contratan fuera de todo procedimiento. El resultado es que, más allá del espejismo que producen las estériles comparaciones con nuestro pasado, los servicios municipales de Galicia están entre los más deficientes de España, mientras nuestros recursos se pierden por las alcantarillas del clientelismo, la ineficiencia y el oscurantismo político. Frente a lo que muchos gallegos creen, hay que saber que las Administraciones públicas apenas generan recursos, y que lo único que hacen es administrarlos. Y por eso es incomprensible que, al contrario de lo que hacemos con nuestra hacienda, sigamos jaleando a los que más fachenda le echan a la vida y gastan lo que no tienen. Porque todo vicio de gestión degenera en carestía. Y porque al final nadie puede librarnos de pagar todas las deudas.