Mentiras

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

23 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

BUSH Y BLAIR las están pasando democráticamente moradas por las mentiras urdidas como justificación del ataque a Irak. Las armas bacteriológicas y de destrucción masiva se han mostrado más peligrosas por su inexistencia que por una realidad nunca probada. Pero Aznar, que asumió esas mentiras e incluso magnificó la verosimilitud de las afirmaciones, es otra cosa. Tan involucrado como ellos en el Pacto de las Azores, permanece sin embargo incólume ante el pasmo y admiración estupefacta de sus colegas belicosos. Y hasta ha dicho que ni piensa siquiera en acudir al Parlamento a defender su cuestionada verdad, para pasmo, en este caso, del ciudadano de a pie. Pero no se entienda en modo alguno que esto son defectos o debilidades de nuestra democracia. Este sistema, propio de seres mortales, no vincula sin embargo a lo excepcional. Ya lo dice el refrán castellano, «el mentir de las estrellas es un seguro mentir, porque ninguno ha de ir a preguntárselo a ellas».