ESPAÑA ES, de hecho y de derecho, un país invasor. Porque, si bien es cierto que no estuvimos en la primera línea de fuego, ya que no tenemos capacidad ni preparación para ello, nadie podrá negar que estuvimos entre los que más le dieron a la lengua en relación con las armas de destrucción masiva, con el uranio enriquecido que Sadam Huseín compraba en los «top manta» de África, con el discurso belicista montado sobre las ruinas del World Trade Center, y con la posibilidad de hacer ondear nuestra bandera entre las tropas que iban a ser vitoreadas por los ciudadanos de Bagdad. Al puerto de Um Qasar llegamos tarde, cuando la masacre de civiles ya estaba hecha y el puerto libre de minas, pero al contubernio de las Azores llegamos los primeros, para hacerle un corte de mangas a la ONU y ponernos, amparados por Bush, en el centro de la historia. Por eso hay que pedirle al general Cardona que le llame a las cosas por su nombre. Porque lo que hay en Irak es una guerra, y porque no tiene sentido hablar de una misión humanitaria cuando se vislumbra un baño de sangre interminable, en medio del caos y la miseria. Decir ahora que el objetivo era el derrocamiento de Sadam, y justificar con ello los fracasos y mentiras de una operación urdida para robar petróleo a mano armada, es un sarcasmo. Y por eso no se puede esperar que sintamos el orgullo de la patria ante una misión militar que, enmarcada en una política de agresiones y hechos consumados, no representa más que una huida hacia delante. La Brigada de Infantería Aerotransportable se va a Irak al servicio de una política exterior que no ha sido legitimada por las Cortes de acuerdo con lo que disponen nuestra Constitución y los tratados internacionales que la complementan. Su misión principal es la de legitimar, con otra bandera, la ilegal operación de control que están realizando los yankis y los ingleses. La importancia que se nos asigna es la de controlar un trozo de desierto al mando de un general polaco. Y la misión humanitaria que nos es posible realizar consiste en repartir la merienda con la población civil y jugar un partido de fútbol con los chavales del pueblo. Lo demás depende de cómo le vayan las cosas a los marines, del aguante que tenga la guerrilla y de la escasa capacidad que tienen las armas para llevar la paz a un pueblo sin ley ni gobierno, y dividido en un galimatías de tribus, etnias y religiones. Si el objetivo fuese la paz y la justicia, estaríamos en Irak bajo la bandera de la ONU. Pero como el objetivo era el petróleo, tenemos que ser valientes y reconocer que estamos en una guerra ilegal y al servicio de Bush. Porque la verdad, dicen, también es libertad.