En el lodazal

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

16 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

COMO si viajara en un Porsche a 150 kilómetros a la hora por una autopista italiana, el ministro Trillo ha pasado, a toda velocidad, por la base naval de Rota. Para recibir a los tripulantes de los buques Galicia y Reina Sofía y para llevarse los abucheos de los familiares que los esperaban. El ministro, como si la cosa no fuese con él, habló del importante papel que a España le aguarda en el contexto internacional. La actitud crítica de los familiares de las tropas refleja el sentir general de una sociedad que sigue oponiéndose decididamente a la presencia española en la invasión de Irak. En el momento en que otros 1.300 legionarios se encaminan ya hacia el país atacado para participar en la guerra de las mentiras . La posguerra bucólica y placentera con la que soñaba el trío de las Azores está lejos de convertirse en una realidad. Y, ajena a cuanto acontece, España se implica cada vez más en un conflicto que se recrudece a medida que pasan los días. El anuncio de la resistencia iraquí de que atacará a las tropas españolas y la advertencia de graves riesgos realizado por el general que las va a dirigir, nos llevan a pensar que España está a punto de introducirse en un lodazal. No sólo de barro, sino también de dolor y sangre. Pero el Gobierno Aznar, muy en su papel, desoye cualquier advertencia y cualquier llamada a la racionalidad. Sigue empeñado en ayudar al amigo americano en apuros, en una guerra tan inútil, incomprensible e injustificada como el primer día. Sigue empeñado en sacar a España del rincón de la historia. Situándose al lado de lo que entienden que son las grandes potencias mundiales: Eslovaquia, Mongolia, Tailandia, Islas Fiji, Ucrania y Polonia. El arrogante Gobierno Aznar no sólo desconoce la diplomacia. Tampoco sabe de geografía. Ni de sentimientos. Ni de compasión y cordura. En 1991 nuestro hijo entraba a formar parte de la Guardia Civil alegando una defensa de valores que por aquel entonces tomábamos como fantasías propias de la juventud, pero que él seguía reafirmando cada vez que volvía a la academia . Viva España, Viva el Rey, Viva el Orden y la Ley, decía un himno que Alfonso había tomado como propio y que defendió en todo momento pese a nuestros consejos diarios para que se alejara del peligro, pero que siempre eran respondidos con una negativa. Aunque pasaban los años, y los errores propios de la juventud, Alfonso seguía reafirmando lo que sentía con poco más de 17 años. Para él la Guardia Civil no respondía sólo al ámbito laboral, iba más allá, era como su familia. Nunca pudimos comprender del todo esta actitud hasta que ahora este duro golpe del destino nos ha hecho comprender a base de dolor el sentido de unos vítores que volvimos a oír de boca de los que nosotros considerábamos como simples compañeros de trabajo, y que bien han demostrado ser mucho más. Durante este triste evento han sabido estar al lado de la familia y del mismo Alfonso, con un calor humano propio de la unidad familiar y que dista mucho de los protocolos e impersonalidad meramente institucionales. Desde el fondo de nuestro corazón queremos agradecer a la Guardia Civil en general, y a sus compañeros de Lestedo y de toda A Coruña en especial, este trato familiar y desinteresado que hemos recibido de su parte en estos momentos tan duros. Ellos nos han ayudado a comprender de esta forma todo lo que día tras día nuestro hijo quiso que entendiéramos y que ahora, sin su presencia a nuestro lado, por fin podemos compartir. Asimismo, sus padres y hermana, queremos hacer extensivo dicho agradecimiento a los Cuerpos de Seguridad del Estado, a todas las instituciones y, en particular, a todas aquellas de ámbito local, así como a aquellas personas que de manera desinteresada tanto nos han apoyado y colaborado en estos momentos tan difíciles. Gracias a todos. Familia Ferreira Antón. Cacheiras. En relación al artículo de opinión firmado por Ernesto S. Pombo y aparecido el 12-07-2003, el presidente de la Diputación Provincial de Lugo manifiesta lo siguiente: El 8-03-1996 se firmó un convenio de colaboración entre la Diputación Provincial de Lugo y la Fundación Nelson Zúmel, en cuya virtud se constituyó un comodato, figura jurídica que, a diferencia del depósito, permite utilizar el objeto u objetos depositados. El señor Tamayo ejerció, en tal ocasión, como letrado del señor Zúmel y durante la fase previa a la firma del convenio, se comunicó con los funcionarios adscritos a los servicios jurídicos de la Diputación. En el acto de firma, acompañó a su cliente como hace cualquier abogado en situación similar. Mi papel como presidente de este organismo provincial no es participar en las negociaciones jurídicas ni en éste ni en ningún otro caso de parecidas características, ni siquiera llego a conocer a los letrados de los organismos, entidades o personas con las que firmamos convenios de colaboración. A este escueto papel se limita mi relación con el señor Tamayo, quien, como he dicho, se dirigió en todo momento a funcionarios de los servicios jurídicos de la Diputación. Cualquier otra manifestación en sentido contrario, falsea abiertamente la realidad. Francisco Cacharro Pardo. Presidente de la Diputación de Lugo.