Segundos

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

AMSTRONG está triste porque pisará la luna del Tour por quinta vez sin la mirada de rabia de Beloki en su espalda. El ciclista más fuerte del lustro reconoce que su posible victoria pierde lustre sin la amenaza del vasco. Joseba había preparado la ronda gala a conciencia. Había gozado en dos ocasiones de la cumbre del podio y sabía ser la sombra acosadora del hombre de plutonio. Esta vez estaba lanzado. Quería probar la entereza del tejano. Se arrimó al peligro en la bajada como el torero que nota los cuartos del toro en sus muslos. En la subida a Alpe d'Huez fue Ibán Mayo el que arrasó. Pero Beloki también hizo grande esa sobremesa con varios amagos para huir de la pedalada de Lance. No lo logró. Pero la ronda era más ronda con Beloki en la parrilla. Amstrong dice que no será lo mismo, que Joseba era el tipo que más miedo le daba, que el deporte es más grande cuando compiten los mejores, que no le gusta que un compañero haya quedado en la cuneta de un accidente. Amstrong parece sincero. Y es que la grandeza del segundo mide siempre el gigantismo del primero. No hay duda. Lo siento por Joseba. En la vida no hay atajos, sólo extrañas lecciones. Nadie puede manejar los dados del destino. cesar.casal@lavoz.es