SOSTIENE el académico Francisco Rodríguez Adrados que vivimos en un ambiente presentista, en el que se desprecia el ayer, el conocimiento de nuestra propia historia, y sólo tiene valor el presente. Es una corriente general que ha contagiado a los gobiernos europeos y que tiende a extender la educación bajando su nivel y desnutriéndola de contenidos sustanciales, si no indispensables. La alarma de Rodríguez Adrados, filólogo eminente del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), surge de su observación del estado de abandono de las lenguas clásicas, que considera la punta del iceberg de los males que se avecinan. El desinterés por la Historia comparece también en esta línea, y denuncia que «muchos ya no saben diferenciar a Alejandro Magno de Carlomagno, no saben qué es la Revolución Francesa, ni siquiera saben quién es Franco».?¿Cuál es el problema de fondo? Que el presentismo nos acorrala en un ambiente antihumanístico, con la consiguiente degradación de los valores culturales y sociales. «No existe una idea general de que hay que defender la educación», lamenta. Y señala por su nombre a uno de los principales enemigos: el televisor, ese gran embaucador.