Fatiga crónica

ANTONIO GONZÁLEZ

OPINIÓN

NURIA no sabe trabajar. Padece una rara -quizás no tan rara- enfermedad que se llama fatiga crónica , que le impide cualquier actividad física o mental, aunque, por lo demás, puede hacer la vida normal. O sea, comer, dormir, pasear, tomar el sol... Otra vez comer, dormir..., y así sucesivamente. Una sentencia dictada por un juez de Barcelona declara a Nuria inválida permanente para cualquier tipo de trabajo y en consecuencia recibirá una pensión de la Seguridad Social de 2000 euros al mes (algo más de 330.000 pesetas, para entendernos mejor), que le permitirá vivir su ociosa vida sin mas preocupación que la de no aburrirse demasiado. No vamos a poner en duda la importancia y gravedad de la enfermedad de Nuria; pero, dentro de los males que aquejan a los humanos, la fatiga crónica , si está bien remunerada, como es este caso, tiene remedios agradables. El aspecto más alarmante es que es muy contagiosa, tanto por sus efectos como por sus consecuencias. Es seguro que existen miles de casos similares que desconocen la gravedad que puede alcanzar un estado fatigoso que se va incubando poco a poco hasta es hastío total. La ejemplar sentencia de Barcelona enciende una luz a la esperanza a esa gentes que rechaza el trabajo sin poder eludirlo y que les produce dolores, sudores, agotamiento y una enorme e inconsolable pereza. A esas pobres víctimas de la maldición de Adan se les llama gandules, vagos, holgazanes, parásitos... y nadie hasta ahora les había clasificado científica y jurídicamente por lo que son: fatigados mas o menos crónicos. Es decir, enfermos. La fatiga es endémica en la mayoría de las gentes. Unos la resisten a base de voluntad y otros se dejan llevar por sus estragos que, como queda dicho, son progresivos y además contagian. Ustedes habrán comprobado que cuando una persona bosteza a continuación se les abre la boca de par en par a todos los que están cerca. Es un síntoma claro de un estado precursor de fatiga. Se han hecho muchos chistes de gandules, como el del andaluz que le dice a su hijo, entre un largo y sonoro bostezo: «Niño... ¡aggg!... asercame el botiho». «Padre... ¡aggg!... no puedo...». «¡Ole la casta de mi niño!, y suelta otro bostezo de satisfacción. De falsa satisfacción, porque puede más su pereza que su sed. No tomen a broma estas reflexiones, que son muy serias y por eso un juez sensible y posiblemente cansado, ha reconocido los derechos del fatigado cuando llega a una situación límite en la que siente alergia a cualquier herramienta, a los libros, a los periódicos (a excepción de los deportivos, que dicen poco y no atosigan) y sólo toleran la televisión, aunque protegidos por el aparato de zapear, por si acaso conectan por error con uno de los raros programas serios. Una curiosidad en este aspecto es que los telediarios tienen efectos paliativos. A estas alturas del artículo, le entra al que suscribe los síntomas de fatiga y es que, no me cansaré de repetirlo, es contagiosa incluso cuando se escribe sobre ella. Mientras intento ligar estas palabras y darles algún sentido siento que me invade la pereza y no sé si tendré aliento suficiente para terminar esta penosa tarea... También es muy probable que el lector, contagiado, decida cortar por la misma razón. Además, hace mucho calor... En un impulso fatigoso para intentar llenar el vacío mental que me invade -valga el contrasentido-, se me ocurre pensar que la fatiga crónica es consecuencia de un pecado original mal curado. La persona que llega a ese estado de pasividad ha sufrido con anterioridad la agresión del trabajo forzado y su psiquis se ha revelado contra ese castigo, hasta llegar al rechazo total, que es la huelga individual de brazos caídos. Lo normal es que esta enfermedad se agrave con los años, cuando el rechazo al trabajo coincide con los achaques y la pérdida de fuerzas incluso para descansar. Entonces, esa enfermedad se llama vejez que, por cierto, está mucho peor valorada por la Seguridad Social que la fatiga crónica . Por esta razón, me permito aconsejar a los que tengan síntomas de fatiga que no esperen a que les jubilen; que se busquen un buen abogado que les defienda ante un juez posiblemente también fatigado y por tanto comprensivo... Y a disfrutar de la vida, porque, como dice el sabio, el que trabaja es que no sabe hacer otra cosa. Partindo da base de que tránsfugas hainos en calquera partido (por suposto parece que hai máis en canto nos achegamos á dereita) debemos recoñecer que o PSOE atopou a horma do seu zapato, pois tan ó centro queren achegarse por aglutinar votos (supoño que non por ideoloxía) que foron víctimas da súa estratexia acaparadora. A culpa nón a ten Pepiño, como din algúns, non; el o que fai é o que decidiu o partido no seu momento, mais ou menos, e é seguir a famosa estratexia centrista. Que teñan moito coidado con este sistema que empregan, pois posiblemente non será o primeiro disgusto que leven; sen ir máis lonxe, non lle faltará moito a algún alcalde que xa deu a razón moitas veces ó PP en contra do seu propio partido, e neste caso, tamén. Sen máis, dicirlles que unha casa para que dure anos e sexa ben construida debe ter uns bos cimentos. Roi Carballido Sanjurjo. A Coruña Sí señor. Me reconforta comprobar que mis impuestos sirven para algo. Que trabajar duramente todos los días por un salario irrisorio para poder pagarlos sirve para algo. Que apretarme el cinturón para llegar a fin de mes sirve para algo. Madrugar, las prisas, los agobios... La hipoteca, el coche, los hijos. En definitiva, mi vida es plena porque por fin sé para qué vale tanto esfuerzo y sacrificio. David Beckham lo vale. ¡Es galáctico! ¡Y su mujer una estrella! ¿Qué menos que pagarles una escolta de Policía y Guardia Civil españolas? . A Coruña.