La estrategia de Putin

OPINIÓN

08 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PRESIDENTE ruso, Vladimir Putin, se ha ido inclinando progresivamente por una estrategia peligrosa para mejorar la imagen de Rusia dentro y fuera de sus fronteras. Me refiero al descarado control al que ha sometido a los medios de comunicación, sobre todo a las televisiones, para ofrecer una realidad edulcorada, cuando no claramente distinta de la real. De este modo, y ante problemas para los que no tiene soluciones inmediatas, consigue hacer creer que éstos simplemente no existen. Así, no existe el problema de Chechenia, no existe la corrupción más o menos institucionalizada, no existe la miseria, etc. Lo malo es que a veces, como ha ocurrido el pasado sábado, un acto terrorista demuestra que el problema checheno sigue ahí, tan enconado como siempre y tan difícil de atajar. Los rusos han tomado conciencia de que no se les ha estado contando la verdad, o de que simplemente no se les ha estado contando nada. Es lo malo de los excesivos controles informativos: que hasta los dirigentes acaban por creerse lo que dicen sus medios de comunicación, o por considerar que no es un problema aquello que no mencionan. Craso error. Putin acaba de firmar un decreto para celebrar elecciones presidenciales en Chechenia en octubre próximo, algo que se presenta como muy positivo en los medios afines; sin embargo, el proceso se estima desvirtuado por estar ya supuestamente designado el vencedor, Kadirov, un musulmán arrepentido de su pasado independentista y hoy fiel a Moscú. Putin trataba (y trata) de preparar el mejor escenario para su reelección en marzo, con una Chechenia pacificada. Pero ¿existe esta posibilidad, más allá de lo que digan sus medios de comunicación? Es comprensible que Putin no quiera volver al acuerdo de 1996, que consagraba la independencia de Chechenia de facto, aunque no de iure . Pero el camino de la paz no puede pasar sólo por la imposición militar y el silencio mediático, porque este camino acaba por llenarse siempre de emboscadas y atentados. El diálogo necesario requiere otra voluntad política de negociación y compromiso. De lo contrario, el terror seguirá. Y la estrategia del control mediático se revelará inútil e incluso contraproducente. En relación con la carta del señor Comella del pasado 26 de junio, creo que no es de su incumbencia las fotografías que deben figurar o no en la alcaldía del Ayuntamiento de Oleiros. Para los que esquivamos las intoxicaciones y manipulaciones de las agencias de noticias de «la voz de su amo», y conocemos lo que Fidel Castro supone y ha supuesto como revolucionario, hombre de Estado, líder socialista mundial, pensador y humanista, él siempre estuvo y estará presente en las personas que creemos en un mundo más justo, más social y más humano. Cuando habla usted de autoritarismo, fusilamientos y falta de libertad de expresión, supongo que se refiere a EE. UU., donde un ciudadano, por ser de una raza concreta, es detenido, incomunicado y torturado. ¿Sabe cuantos miles de ciudadanos hay en las cárceles americanas como simples sospechosos? ¿Sabía que cinco cubanos están incomunicados en cárceles yankees, con penas de hasta cien años, por haber descubierto grupos terroristas en Miami, que atentaban contra intereses cubanos? ¿Cuáles son los derechos humanos que les pertenecen a los miles de presos militares recluidos en la cárcel de Guantánamo? ¿Cuántos miles de ciudadanos negros e hispanos están esperando a ser ejecutados en el corredor de la muerte del país «más libre del mundo»? ¿Qué escritor podría escribir en Estados Unidos lo que nos cuentan los «poetas y escritores» cubanos disidentes? Sobre Huber Matos, a Fidel no le ocurrió lo que a Viriato. Señor Comella, si usted es una persona de bien y no un manipulado, le invito a que se dé una vuelta por Cuba, para comprobar en directo y sin prejuicios cómo se ejerce la libertad de expresión en la isla, y luego opine. Ángel García Seoane. Alcalde de Oleiros (A Coruña).