NO COINCIDO siempre, ni mucho menos, con Xesús Palmou, pero esta vez al cien por cien. Ha dicho que si los socialistas gallegos arroparon a José Blanco en Caldas de Reis es porque consideran que necesita ser arropado. El blanco corcel de José Luis Rodríguez Zapatero se está convirtiendo en un caballo bruno, que puede terminar por llevar al precipicio al secretario general. Ahora que ha terminado una primera y decisiva fase del proceso institucional en la Asamblea de Madrid, es hora de que la izquierda imparta clases de ética y resuelva lo que sea soluble en el interior del partido. Eso pasa porque se depure la responsabilidad del lucense Blanco, al que no sólo se atribuye haber sido quien colocó a Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez en la lista, sino tener conocimiento de su catadura moral antes de tomar esa determinación. De ser así, que es cuestión a clarificar por una comisión de investigación interna, José Blanco debe ser cesado con todas las consecuencias. Probablemente a Rodríguez Zapatero le aterra, como a todos los políticos, que una vez derribado su segundo los tiros puedan ir directamente contra él. Gratuita apreciación, porque un segundo, sin que resulte fácil encontrarlo, no es una pieza que no pueda ser repuesta. El cese sería un mensaje absolutamente clarificador para el electorado: el que se equivoca gravemente, se encuentra con una sanción grave, aunque no haya otras responsabilidades de más calado, que tampoco tengo que suponer yo que las haya en el caso de Blanco. Algo parecido habría que plantearse al otro lado de la valla, ya que de ladrillos hablamos, con el secretario general del PP madrileño. Los indicios que hay sobre su implicación en el asunto son tan evidentes -lo cual no quiere decir que sean ciertos- que no pueden quedar sin una investigación a fondo por el partido. Cerca tienen a Alberto Ruíz Gallardón, que puede contar su experiencia con Naseiro en este sentido. Los partidos no pueden seguir pidiendo regeneración al tiempo que se miran el ombligo y no ven más allá de él.