EL INGLÉS Gilbert Keith Chesterton acostumbraba a decir que el periodismo consiste básicamente en informar de que Lord Jones ha muerto, a gente que no tenía la menor idea de que Lord Jones estuviese vivo. Bien, pues según este principio, que aceptamos mal que nos cueste, el presidente de Gobierno José María Aznar impartió ayer una lección magistral de periodismo en su discurso del Debate sobre el Estado de la Nación. Nos informó de lo que no teníamos ni idea que hubiese ocurrido. Eso es lo que hizo en su única y brevísima referencia a Galicia, a propósito del desastre del Prestige , que acertó a calificar como «la mayor catástrofe medioambiental de nuestra historia». Bien está que lo vaya haciendo. Pero además, el presidente Aznar nos explicó lo bien que está Galicia tras la gira del petrolero por nuestras costas. Los gallegos, llevados sin duda por ese pesimismo innato, creíamos que Mangouras, Cascos y su rondalla nos vinieron a hacer la pascua. Pero no. El Prestige , según supimos ayer mismo por boca del presidente Aznar, es una bendición. El «impulso definitivo al desarrollo de Galicia». Con las ayudas entregadas, con el Plan Galicia y con el establecimiento de una serie de acuerdos con países europeos, que no sabemos muy bien para qué, pero que son acuerdos, en definitiva. Desde la lejanía, el presidente nos ha dicho que somos unos afortunados. Que gracias al Prestige vamos a salir del túnel. Aunque el fuel siga llegando a las playas, aunque resulten irrecuperables varias zonas costeras, aunque los marineros se agobien por la escasez de capturas, aunque el pecio siga manando chapapote y aunque sigamos teniendo los mismos medios que teníamos el 12 de noviembre. Aznar ayer resucitó a Chesterton. Y gracias a ello supimos que el Prestige es una bendición, cuando no teníamos ni idea.