Ángel y Pedro

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

| O |

29 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

TIENEN nombres de ángel y de santo. El apellido del primero es tan sencillo como su poesía: González. Ángel González (Oviedo, 1925) no es un desconocido. Si lo es para usted es que ve demasiado Hotel Glamour. Cambie de hábitos y lea estos poemas. Su obra Otoños y otras luces es definitiva, resumen de la nostalgia de una vida que puede ser la de cualquiera y la de todos. Pedro Guerra (Güimar, 1966) tiene un apellido que da guerra, aunque a él sólo le gusta la pólvora mansa del corazón. Es un cantautor, un artista de la voz que coloca los versos en el cielo de las nubes. Juntos han sacado un libro disco que es una delicia. Ángel lee sus poemas, Pedro los canta. Pararse a escucharlos es una manera de huir del vértigo. La palabra en el aire es un oasis, un lago de paz, de sentido común en medio de tanta basura, de tanta prisa, de tanto despropósito. Los versos de Ángel «hacen un ruido entre melodioso y triste como dos cuerpos que se aman». El poeta habla de romperse el alma. Los dos se la rompen mil y una veces en este libro disco: tristeza única, zalema alegre. «Recuerdo bien a mi madre, tenía miedo del viento», escribe. Recuerden, contamínense con ellos. No todo va a ser fútbol y la caspa caída de la televisión.