CARLOS G. REIGOSA
16 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.HEMOS sobrevivido a Hotel Glam I, lo cual tiene un increíble mérito neuronal. Después de haber sido bombardeados con dosis masivas de Pocholo Martínez-Bordiú, Yola Berrocal, Dinio, Aramís Fuster o Malena, resulta que todavía mantenemos las formas de unos ciudadanos normales, capaces de condenar sin paliativos la traición de dos diputados socialistas en la Asamblea de Madrid. Se diría que estamos a salvo. Pero no conviene jugar con estos programas-chernobyl que pueden descerebrarnos directamente o, si tenemos suerte, sólo retrotraernos a los valores sociales de las cavernas, cuando los instintos primarios lo ocupaban todo en la mente del homo sapiens. La exposición a estas radiaciones, diabólicamente incrementadas, podrían causar lesiones graves, como la estupidez crónica o la inmadurez permanente. Escribo desde la alarma, no desde la ingenuidad. Sé que vienen programas peores que Hotel Glam, que gozarán del apoyo de una audiencia indiferente a estos avisos. Ni los creadores de Gestmusic (perpetradores del engendro), ni las cadenas de TV, ni el público se tomarán en serio los riesgos de que hablo. Ni aunque se lo pidan Aznar y Zapatero juntos. Pero algunos no nos rendiremos. ¡Abajo el reino de Glam I!