Risitas

La Voz

OPINIÓN

PACO SÁNCHEZ

14 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTA SEMANA he tenido que soportar risitas varias. Gente que te da una palmadita mientras dice: «Menos mal que publicaste tu artículo el domingo». O bien: «Menudo momento has elegido para defender a los políticos». Todo a cuenta, claro, de lo ocurrido con los dos parlamentarios madrileños, primero, y con algunos otros, después. Debo reconocer que la abundancia de información tiende a producir cinismo y una suerte de increencia en las posibilidades de la naturaleza humana para obrar el bien. Supongo que si aún escribo cosas como las del domingo pasado será porque me resisto a admitir que no se puede hacer nada. Prefiero pensar justamente lo contrario: que está casi todo por hacer. Las raíces del cinismo se nutren en un abono pestilente: la convicción de que no existe el bien ni el mal. O por decirlo mejor: existe sólo lo que me conviene y lo que no, lo bueno y lo malo para mí. Con lo demás cabe, incluso, a la tolerancia. Por eso, en el fondo, el cínico es pesimista y desconfiado. Siempre espera lo peor. Piensa siempre mal. Sobre todo, jamás arriesga la vida o la hacienda por algo: sería, según él, poco inteligente. Y como no cree en nada ni ama de verdad a nadie, apura, entre sospechas, una vida triste.