RAYA en la indecencia la tesis que mantienen Juan Antonio Mata, secretario general de Comisiones Obreras en Castilla-La Mancha y José Francisco del Campo, dirigente provincial del mismo sindicato, para exonerar de responsabilidades al jefe de circulación de la estación de Chinchilla del choque de trenes que ha provocado la mayor tragedia ferroviaria española de los últimos treinta años. Echar las culpas al maquinista del talgo y hacernos creer que salió de la estación con la negativa expresa del factor y sabiendo que por la vía única circulaba en dirección contraria un mercancías, es grotesco y un insulto al sentido común y a la inteligencia. De la rocambolesca explicación de los compañeros del jefe de estación se deduce que el maquinista decidió suicidarse y que le acompañaran forzosamente en su viaje otras 19 personas. La culpa es del muerto, vienen a decir estos señores, y es a él a quien hay que preguntarle. Las pruebas de lo contrario son tan contundentes que, hasta que sentencie el juez, ambos deberían callarse para no ofender más a los ciudadanos, a la memoria de las víctimas y a sus familiares. Y de paso reflexionar sobre por qué el miércoles se ha producido en Baden-Württemberg (sur de Alemania) un choque de frente entre dos trenes de pasajeros en un tramo de vía única de 100 kilómetros. De acuerdo con las pruebas documentales, «la primera llamada efectuada por el jefe de circulación de la estación de Chinchilla se produjo en el mismo momento de la colisión de los dos trenes, a las 21.21 horas», según lo grabado en la caja negra de la locomotora de mercancías. De acuerdo con las explicaciones de Renfe, el talgo tardó en recorrer la distancia que le separaba del mercancías un minuto y veintiún segundos. Este tiempo «es el que tardó en reaccionar el jefe de circulación de la estación de Chinchilla». La colisión se habría evitado «si se hubiera cumplido estrictamente el Reglamento General de Circulación», subraya Renfe, que añade que el accidente no habría existido si el tristemente famoso jefe de circulación «no hubiera puesto la señal de salida del talgo en verde». Y añade que el reglamento «es taxativo en las dos condiciones que se deben cumplir para que un tren inicie la marcha en un tramo dotado con bloqueo telefónico: señal abierta (verde) y postura de orden de salida». El abogado del jefe de circulación de Chinchilla, Julián Pérez Charco, insiste, por boca de su cliente (qué otra cosa puede hacer), en que «estando el semáforo en verde y el talgo parado, el factor le entrega al maquinista del talgo unos documentos de limitación de velocidad para determinados tramos de la línea y le dice que no salga, que viene un mercancías de frente. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando vio que el tren se movía». Nuestra sorpresa sí que es mayúscula con este argumento de defensa. Cabe esperar que el sindicato de maquinistas defienda al del talgo, aunque sólo sea por decencia y para que los ciudadanos no tengamos que aceptar que los burros vuelan, lo que, al parecer, admiten algunos periodistas, incapaces de preguntar en las ruedas de prensa cuando oyen a tanto Calleja.