CARLOS G. REIGOSA | O |
13 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.MIENTRAS Fidel Castro organizaba en La Habana un festival de insultos contra el Gobierno español (¡para esto ha quedado el héroe de Sierra Maestra!), nos ha llegado la noticia de la muerte del actor Gregory Peck, uno de los grandes, a los 87 años en Los Ángeles. Y de un modo extraño las imágenes de ambos se relacionaron en mi mente: el apasionado anticapitalista frente al actor que mejor interpretó los ideales de tesón, dignidad, generosidad y fuerza que los Estados Unidos se atribuyen a sí mismos. Dos personajes sustancialmente confrontados en los ámbitos de lo simbólico. Gregory Peck nunca fue mi actor predilecto, pero siempre lo tuve por un grandísimo actor, capaz de incorporar a sus interpretaciones todo el rigor del trabajo bien hecho, como manifestación y exigencia de una vocación profunda. Su condición de hombre serio, responsable y coherente trascendía en el vigor psicológico de los grandes personajes que interpretó, desde el abogado Atticus Finch al capitán Acab. Hace cuatro años estuvo a punto de venir a Santiago de Compostela para hacer el papel que luego interpretó Charlton Heston en Camino de Santiago , pero la edad lo frenó. La despedida estaba empezando. Ahora se ha consumado. Adiós, capitán.