EL PUEBLO es sabio. Nunca lo dudamos. Pero por si existiese alguna duda, acaba de volver a demostrarlo el pasado 25 de mayo cuando acudió a las urnas para elegir concejales y diputados autonómicos. Los españoles dejaron en los resultados de esas elecciones una clara lectura. El PSOE aún no está maduro para gobernar. Por eso le entregaron una victoria con sabor amargo. Un triunfo que no lo es. Que los socialistas tienen que superar todavía una fase de maduración lo acaban de demostrar los diputados de la Asamblea de Madrid, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez. Que los socialistas viven inmersos en un desgobierno y en un desorden, ya no es ninguna novedad. Como tampoco lo es que, después de lo padecido, el partido sigue en crisis. El transfuguismo es una constante en la vida política de este país. Por eso resulta llamativo que a estas alturas nos sorprendamos del comportamiento de los dos socialistas madrileños. Los gallegos lo sabemos bien porque Galicia es pródiga en este tipo de casos. Casos de los que también se beneficiaron, por poner sólo algún ejemplo, Eduardo Zaplana, Joaquín Leguina y los seguidores de Jesús Gil. Acabar con este tipo de vergüenzas resulta tan necesario como quimérico. Si lográsemos eliminar la indignidad de la vida pública, no habría política. Porque van parejas. Y porque el tiempo nos ha venido a demostrar que los unos, los otros y los de más allá, en algún momento, se benefician de estos aborrecibles personajes. Hay que esperar a conocer las causas que originaron el caso madrileño. Mientras tanto, recordemos al sabido don Jacinto Benavente, que con gran sentido del humor, en su obra El rival de su mujer , puso en boca de uno de los personajes la siguiente reflexión. «¡Cuántas veces se pasa uno al enemigo para huir de los amigos!». ¿Será por eso?