Mal año para tanto oro

OPINIÓN

04 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

NO TODO son desgracias en casa del ministro. Alvarez Cascos, por ejemplo, ha encontrado en Galicia una gran satisfacción que compensa su annus horribilis de Renfe. El día de la tragedia de Chinchilla, el día que hubo que echar cuentas de que llevamos doce accidentes de tren este año, la Xunta le compensó de tanto sufrimiento: le concede la Medalla de Oro de Galicia. Y precisamente en reconocimiento a las inversiones ferroviarias en la Comunidad. Es una gran generosidad por parte del Consello de Goberno. Sobre todo, por lo que tiene de superación de la memoria histórica. Supongo que con esta condecoración -la máxima de nuestra tierra-, alguien dará por cerrada la errante aventura del Prestige, la decisión de llevarlo mar adentro y las secuelas de los hilillos de plastilina que todavía deben estar saliendo. Pero sólo a toneladas. Hilillos a la mar, marinero. Supongo también que es una recompensa por adelantado. Se quiere premiar con años de antelación esas maravillas que veremos cuando los designios del Señor lo permitan: el tren de alta velocidad a Madrid, que tardará aproximadamente diez años, o el otro que unirá Ferrol y Bilbao, del que falta todavía el estudio de viabilidad. En Galicia somos así de generosos y agradecidos. No como los andaluces, que hace diez años que tienen el AVE, hecho en tiempos de Felipe, y votan alcaldes del PP. No como los aragoneses, que les hacen otro AVE camino de Barcelona, y en Zaragoza votan a Belloch. Aquí, no. Aquí unos gritan «Nunca máis» y otros imponen medallas. Pero cuando se trata de premiar, premiamos hasta las intenciones. Y si la intención tiene forma de proyecto, le damos una condecoración. Hemos avanzado mucho, de todas formas: antes, para seducir a un ministro, se le invitaba a laconadas y centollas. Ahora, como España va bien y somos ricos, los bañamos de oro. Lo que ocurre es que se ha elegido mal el año. ¿Qué digo? Para condecorar a Cascos, como ministro de Fomento, aunque fuera un acto justo, se ha escogido el año peor. Ni que lo hubiera sugerido Touriño. O el mismísimo Beiras.