El laboratorio

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

CUANDO ÉRAMOS niños, los chavales de mi generación solíamos repetir con frecuencia que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos. Lugo era un feudo provincial de buenos y políticamente correctos ciudadanos. El peso del mundo rural sobre la franja costera fue decisivo históricamente a la hora de manifestar el carácter conservador de un paisanaje aparentemente sumiso y fiel al voto de la derecha, que aparecía incluso, a decir de sociólogos, como un voto subsidiado junto a una pirámide de edades que convertían a la provincia en un arquetipo de población longeva. El clientelismo político, los puntos de luz y los camiones de grava para alfombrar caminos y corredoiras resultaron eficaces hasta que los malos comenzaron a ser más que los buenos y en la capital de la provincia los educados modales de un alcalde socialista obraron el milagro de la multiplicación bíblica de panes y peces convertidos en votos. Lugo provincia es, en el conjunto del Estado, la circunscripción electoral donde más ha crecido el voto socialista. En Guitiriz, Ribadeo o Viveiro no ha ganado la izquierda, han perdido los conservadores que en muchas villas y pueblos eran sencillamente reaccionarios y gobernaban con políticas excluyentes. Lugo es un lujo de la izquierda, el nuevo icono socialista, el laboratorio donde por fuerza habrá que poner a punto otra forma de gobernar. Desde las instituciones se va a mirar con lupa la política municipal de los próximos cuatro años. El eje del mal costero , los tres municipios más importantes de la Mariña luguesa -Ribadeo, Foz y Viveiro-, van a estar regidos por gobiernos progresistas. Lo mismo va a suceder en A Fonsagrada, Sarria, Pedrafita, Monterroso o Guitiriz y previsiblemente en Monforte. La vieja ciudad levítica, mi amada y paseada Lugo, denostada tantas veces que incluso se cuestionó por un estudio de una entidad bancaria su calidad de vida, desde la fría inconsciencia estadística, tendrá un alcalde, un joven viejo profesor con holgada mayoría socialista, aupado al escaño de primer edil por sus vecinos cansados de ver reiterar la vieja fórmula del quítate tú para ponerme yo , tan usada desde las instituciones provinciales y desde el partido hegemónico de la derecha que en Lugo, como diría Camilo José Cela, perdió la perspectiva, al mudar caprichosamente de candidatos. Habrá que reflexionar, debatir e hilar muy fino para descifrar lo que ya empieza a denominarse el efecto Lugo . Quién lo diría. Ni los más utópicos analistas podrían aventurar descalabros tales como los relevos producidos en municipios que la derecha consideraba modélicos. No tuvieron en cuenta la insolencia y la arrogancia, el gobernar para unos pocos, os nosos, basándose en el supuesto de gran calado ideológico que resume la doctrina de somos os mellores y planificando la eternidad en el poder desde el populismo y la dádiva. No contaban que es bien cierto el viejo axioma con el que comienza esta crónica. Y una vez más, Dios, que todo lo ve y todo lo sabe, ayudó a los malos porque en esta ocasión sí, eran más que los buenos.