LA VERDAD es que se esperaba otra cosa y la izquierda no está contenta con los resultados. Es lógico que los responsables políticos de las fuerzas progresistas no estén satisfechos con lo ocurrido, pero más preocupados tienen que estar los dirigentes del Partido Popular, especialmente Manuel Fraga, porque, aunque es verdad que evitaron el cataclismo electoral, no es menos cierto que el declive y la deslegitimación política de los populares ha comenzado. Pero es necesario aprender de las dificultades, no errar en la valoración de los datos y comprender que no existe una relación mecánica, causa-efecto, entre las movilizaciones sociales, por muy intensas que sean, y la decisión política y electoral de cambiar el Gobierno de Madrid o de Santiago. En los resultados del domingo hay factores de cambio a favor del PSOE, IU, BNG, Chunta Aragonesista (CHA), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) e Iniciativa per Catalunya (IC), pero también hay factores de continuidad en el buen resultado del PP y de Unión del Pueblo Navarro (UPN) . Las espadas políticas siguen en alto, las dos grandes formaciones estatales han cubierto sus objetivos mínimos y ambas pueden argumentar con cierto rigor acerca de su victoria mientras reorganizan las estrategias. España es un país de ciclo político medio o largo, y la propia ley electoral exige una mayoría nítida para alcanzar el cambio suficiente en la composición de la Cámara Baja. No podemos saber si estamos situados o no ante el final de un ciclo político. Depende, como dice la canción. La izquierda se ha movilizado y una gran parte de los tres millones de abstencionistas del año 2000, que habían apoyado al PSOE y a Izquierda Unida, han regresado a las urnas. El pronunciamiento de los primeros votantes también es crítico con José María Aznar y las clases medias urbanas, que en su día votaron a González, también regresan, lentamente, y miran hacia la izquierda. Pero José Luis Rodríguez Zapatero, Beiras, Touriño, Maragall o Chaves, tienen un duro trabajo por delante si quieren transformar la masa crítica que se expresó en las elecciones, en unas mayorías políticas reformistas y de cambio. Y no está nada claro. Las preguntas a las que tendrán que responder ante los españoles, catalanes y los gallegos, no son menores ¿Estáis en condiciones de gobernar? ¿Disponéis de equipos solventes? ¿Por qué debería de votaros? Dos palabras sobre Galicia. El PS de G y el Bloque tienen ante sí y ante los gallegos una gran responsabilidad. En ambas formaciones existen fuertes núcleos muy críticos, respectivamente, con los nacionalistas y con los socialistas. Pero si sus responsables no son capaces de solventar con talento político y visión de futuro las divergencias, no habrá cambio en Galicia.