Plaga de moscas...

| ANTONIO GONZÁLEZ |

OPINIÓN

29 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

DE AQUÍ en adelante, cuando alguien le diga a otro que es como una mosca cojonera , el aludido no podrá demandarlo por injurias, porque el Tribunal Supremo dice que no es delito, que sólo es una expresión de mal gusto. No lo entendieron así varios vecinos del pueblo de Quiroga, a quienes el alcalde, Julio Álvarez Núñez, harto de la oposición constante y molesta de dichos vecinos, dijo en un programa radiofónico local: «Unas moscas cojoneras no van a interrumpir la marcha de la Administración». Los mosqueados vecinos, denunciaron al edil por intromisión ilegítima en el derecho al honor, y fieles a su probada tozudez, han recorrido, en los últimos 7 años, todo el escalafón judicial, con los consiguientes gastos de abogados, procuradores, viajes, etcétera, hasta llegar al Supremo, cuya sentencia inapelable es un modelo de fina ironía. «El demandado (el alcalde) quería expresar con esa frase que los actores (los demandantes) estaban actuando como lo hacen los parásitos de las caballerías que, aposentadas en las superficies menos protegidas por la piel, de forma continua las molestan, pero sin causar un daño irreparable a las mismas (...) La expresión mosca cojonera carece, sin duda alguna, del buen gusto que debe presidir las relaciones entre personas de educación, pero que en forma alguna puede perturbar o menoscabar el honor de las personas a las que se dirige»... Esta sentencia, además de enriquecer el amplio vocabulario insultante, sienta un precedente muy tentador y expresivo para quienes son acosados por las moscas cojoneras que tanto abundan en nuestro entorno. Es como una frase insecticida. Pero, además, el alto tribunal también legaliza , implícitamente, a los moscacojoneros propiamente dichos, pues, al no ser considerado este término como injurioso, tampoco incurren en delito -hasta cierto límite, claro-, quienes, en determinados ámbitos sociales de la farándula, políticos mediáticos, etcétera, ejercen una suerte de oficio que podría equipararse al de los molestos parásitos borriqueros (por no repetir la frase en cuestión). Se trata de gentes fácilmente identificables, que medran en las partes sensibles y también en los bajos fondos -en sentido literal- de la sociedad y que se especializan en provocar irritación, sembrar discordias, difamar, escandalizar... Es decir, vivir como parásitos. Estos/as moscacojoneras proliferan en la televisión basura que, como su nombre indica, es su territorio más idóneo y se les puede ver a casi todas las horas del día en hoteles glamurosos, en las Crónicas marcianas , en determinadas tertulias de alcahuetes/as y en ese amplio y suculento negocio de la puesta de cuernos y de macarras a sueldo. La nómina de los moscacojoneros es cada vez más amplia y va camino de ser plaga. Una poderosa industria mediática moscacojonera ha invadido el mercado de la llamada sociedad de la información. Es un negocio legal, amparado por la libertad de expresión, que se incrusta en las paredes de los hogares y se contagia con enorme rapidez a través de la televisión y otros medios satélites. El caso es que la sociedad es víctima complaciente de esta plaga de parásitos y no protesta. Se los traga. Lo dice el Supremo: la mosca cojonera no ofende... Hace cosquillas.