Cuidado con la demagogia

OPINIÓN

29 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY GENTE que confiesa haber llorado al ver el funeral por los militares muertos en el accidente de aviación. Yo, entre ellos. Y no es para menos: había demasiada muerte acumulada, demasiada tensión emocional, una Reina con lágrimas en los ojos, unos gritos desgarrados de familiares, una madre que saltaba a la pista en busca de su hijo. Este país conservará esas imágenes en su retina durante mucho tiempo. Nunca se había visto una estampa de luto comparable. A este cronista le dolió una escena previa: la falta de sensibilidad del Congreso de los Diputados. Se celebraba Pleno de control del Gobierno. Y desde la Presidencia de la Cámara no hubo una declaración de luto, ni de pésame, ni de aliento a las familias y a las Fuerzas Armadas. Toda España estaba impresionada, y el Parlamento pasó olímpicamente de ese sentir popular. Tuvo que ser Rodríguez Zapatero quien renunció a su pregunta para expresar las condolencias. Sólo en ese momento el PP, mayoritario en la asamblea, reaccionó y se puso a aplaudir al líder socialista: al mismo que su jefe José María Aznar estaba declarando el adversario a batir. Ahora entramos en la fase de exigencia de responsabilidades. Como debe ser. Hay que llegar a las últimas consecuencias, incluida la cabeza del ministro de Defensa, si hubiera lugar. Sólo una advertencia: cuidado con la demagogia. Parece que ese avión se ha estrellado porque el Gobierno se quiso ahorrar unos euros, con lo cual tendría sentido el grito de «asesinos» que se oyó en Torrejón. Pues bien: una cosa es el accidente, cuyas causas tienen que ser investigadas, y otra las condiciones del transporte militar. El accidente tiene todo el aspecto de haber sido un terrible error humano. El transporte, sencillamente, tiene que ser efectuado con la dignidad que requiere cualquier pasajero. Si la oposición piensa hacer algo, separe esos dos aspectos. Y, como medida de precaución, espere a saber qué dice la caja negra . Esa será la forma de hacer un debate con objetividad. La acción política no se debiera basar en la explotación del dolor.