Primarias, secundarias y terciarias

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO

26 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

TRAS EL DESASTRE del Prestige y el fiasco político de la guerra contra Irak, había que esperar que las de ayer acabasen siendo unas primarias de las próximas elecciones generales. Así lo decidieron Aznar y Zapatero proponiéndose como protagonistas de una consulta en la que ninguno de los dos era, sin embargo, candidato. Pues bien, cerradas ya las urnas, los resultados conocidos cuando escribo esta columna permiten afirmar que Aznar ha perdido la partida y que Zapatero se levanta de la mesa habiendo realizado en gran medida las ganancias que había logrado acumular en las manos previas a la mano de verdad, que es siempre la del día en que los ciudadanos acuden a votar. Es el riesgo de jugarse las elecciones a una carta (la del computo global), cuando su naturaleza permitía al PSOE y al PP repartir riesgos: hubiera bastado para ello con renunciar a privarlas de su auténtico sentido. Pero a lo hecho, pecho: el PP demuestra que su suelo, aunque resistente, se va resquebrajando, y el PSOE que su techo no es de metal, como hasta ahora. Mucho tendrán que reflexionar los populares sobre una forma de gobernar que ha generado tanto cabreo como para que los platos rotos del decretazo, la guerra y el Prestige acaben pagándolos muchos candidatos que no son los responsables de la forma de gobernar y hacer política de un líder que, visto lo visto con los platos, actúa como elefante en cacharrería. Las municipales y autonómicas se han convertido siendo así unas elecciones secundarias en las que, como era imaginable, ha habido de todo para todos, aunque la primera impresión es, de nuevo, que el PP ha sufrido un retroceso: la derrota en la Comunidad de Madrid y la pérdida general de posiciones locales y autonómicas, tras acercar algo más a la Moncloa a Zapatero, privan a Aznar del respiro que necesitaba para afrontar la llamada con la calma de la que él y el PP carecen desde hace muchos meses. En Galicia las secundarias han dado las sorpresas que La Voz había ya pronosticado: Vigo podría pasar a manos socialistas y Ferrol a manos populares, con lo que el batacazo nacionalista sería histórico, tanto como el avance que según Beiras debería haberse producido. No hubo tsunami en las autonómicas pasadas, ni ha habido avance ahora, con lo que la capacidad de equivocarse de quien ha venido liderando el BNG es lo único en lo que sus militantes pueden confiar: no es seguro que se lo recompensen a quien, por muchos otros motivos, ha hecho tanto por el Bloque. Por lo demás, el retroceso del PP es tan significativo como el avance institucional del Partido Socialista: y es que, también en Galicia, el suelo del primero y el techo del segundo demuestran distinta resistencia. ¿Y, en fin, las terciarias? No, no es un simple juego de palabras. Las terciarias son, por supuesto, las elecciones que se han celebrado en la única parte de España, el País Vasco, donde la política está aun en esa fase de la prehistoria democrática: más concretamente en el llamado oligoceno, pues puro oligoceno es que la política esté allí marcada de modo decisivo por los oligo(frénicos) de la goma 2 y la pistola. Los resultados que ahora conocemos podrían acabar consolidando las posiciones de los que han decidido meter a Euskadi en el infierno de la confrontación civil. Ojalá que me equivoque. Sí, pueden creerme: deseo equivocarme en ese juicio como no lo he deseado nunca al hacer análisis políticos.