SE HA ESCRITO estos días que Europa estaba pendiente de las elecciones de ayer en España, con gran curiosidad por conocer los resultados de unas votaciones que eran percibidas, en palabras de Wall Street Journal , como «un referéndum sobre el apoyo prestado por José María Aznar a la guerra de Irak». La realidad fue, sin embargo, que los países de la Unión Europea han seguido mucho más pendientes de lo que ocurre en cada uno de ellos que de los resultados españoles. Francia, que tenía sus razones para echar una ojeada de interés por debajo de los Pirineos, está ocupada con la reformulación de la cuestión social, que ha cuarteado las felices unanimidades en el respaldo popular de que disfrutó Jacques Chirac. Mitigado el desencuentro con Washington mediante la nueva resolución propuesta conjuntamente por EE.?UU., Reino Unido y España sobre el futuro de Irak, en las inquietudes francesas han tomado el relevo la política económica y el debate sobre el estado de bienestar. Y lo han tomado con la virulencia que es habitual en el país vecino. ¿Y qué decir de una Alemania abrumada por la recesión? El canciller federal y presidente del Partido Socialdemócrata (SPD) ha celebrado el 140 aniversario de la fundación del partido con las peores expectativas electorales en las encuestas y con un programa de reformas sociolaborales que ha dividido a sus seguidores. Sus palabras de «o nos modernizamos o nos modernizan» tienen el amargo sabor del desencanto y de la falta de iniciativa. El gran partido político que tantas conquistas lideró en el pasado es hoy un grupo sin ideas, populista y con demasiados mediocres en la cabeza. ¿Estaban preocupados ayer por las elecciones en España? Francamente, no es muy creíble. De la curiosidad que hayan suscitado en otros países todavía caben más dudas. Francia podría sentirse concernida por los resultados para medir el acierto o error de sus decisiones respecto de la guerra de Irak, pero nada de esto reza para Grecia, Austria o Portugal. Italia tuvo sus propias municipales. Los resultados de las nuestras ahí están, para que ejercitemos el ingenio de su interpretación. No se priven.