Sefarad en Washington

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

LA ESPLÉNDIDA exposición sobre el universo judío en España, que se ha podido admirar en Toledo hasta principios de año y trasladada ahora a la catedral protestante de Washington, constituye no sólo una magnífica oportunidad de conocer mejor la cultura judía, sino también una suerte de reparación histórica por la lamentable expulsión de los Reyes Católicos. Destacan la emoción y sensibilidad con la que está realizada, así como la sugestiva maestría con la que están desarrolladas animaciones como la de los rituales en la sinagoga o la celebración de la cena pascual. La exposición muestra aspectos tales como la judería como espacio vital, la arquitectura, la historia del conflicto o la Inquisición. Especial interés posee el apartado dedicado a los saberes, con una hermosa muestra de libros antiguos, manuscritos y objetos científicos como astrolabios. No falta la referencia a la obra racionalista de autores como Maimónides y su Guía de los descarriados o a los pioneros de la filosofía de la Voluntad como Ibn Gabirol, autor de la neoplatónica Fuente de la Vida y otros cabalistas entre los que tiene lugar destacado el maestro Moisés de León, al que se debe la obra máxima de la cábala española: El Zohar o Libro del esplendor . Sin embargo, no se resalta el hecho de haber consolidado el español como pionera de las lenguas romances cultas, vehículo de una nueva conciencia lingüística, la de los traductores judíos del árabe al romance, preferido al latín, lengua de la Iglesia, y que es simbolizada por Cervantes bajo el nombre de Cid Hamete Benengeli y sus manuscritos de El Quijote encontrados en la plaza de Zocodover. En resumen, un gran acontecimiento cultural que ha de despertar en el corazón de todos la gratitud hacia aquellos que han llevado amorosamente con tanta dignidad, sufrimiento y honor, el nombre de Sefarad durante la diáspora, con la que la tantas veces desagradecida España abandona a los mejores de sus hijos.