Sus pactos pueden ser los nuestros

| GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN |

OPINIÓN

XESÚS PALMOU ha puesto sobre la mesa los pactos entre PPdG y PSdeG-PSOE y Antón Louro y otros se han apresurado a decir nones. Lástima, porque todos los caminos deberían estar abiertos, y no veo yo a los socialistas más distintos y distantes de los populares que de los nacionalistas. No les veo, no, excepto en el púlpito electoral, que están las dos formaciones más alejadas en la prédica que a la hora de dar trigo desde los gobiernos. Palmou parece haberse equivocado más en la forma que en el fondo, porque se ha empeñado en llamar conversaciones a lo que toda la vida han sido pactos, convenios, conciertos, avenencias... Pero es el signo de los tiempos, en que está rabiosamente de moda llamar legislatura a lo que es mandato en un concello, donde, que se sepa, nunca se ha legislado ni se legisla. Pactos haberlos haylos en el horizonte, y sean bienvenidos, pero no sin problemas. Solamente porque a veces parecen responder más que a los intereses de la ciudadanía a los de los partidos. Es bien sabido que éstos en ocasiones hacen las cosas mal, porque son obras humanas imperfectas. Aunque con frecuencia sus dirigentes los presenten como iglesias que obligan a sus afiliados a comportarse como catecúmenos con la fe del carbonero. Así les va. Después del 25-M, venciendo algunas reticencias, debidas las más de las veces al reparto de la tarta, tendremos pactos de gobierno. Buenos para los partidos, que además de poder organizar la institución a su cargo, suelen sacar otras ventajas: algunas colocaciones para amigos y correligionarios, favores diversos, constitución de plataformas para conquistar poderes de más alto nivel... Cierto que los ciudadanos tendremos también la ventaja de que la gobernabilidad da frutos, permite ejecutar proyectos beneficiosos para el común que difícilmente se hacen posibles en la inestabilidad. Pero nos gustaría también que prosperaran otros pactos, con más ventajas para los ciudadanos que para los partidos. Dos candidatos vigueses han hecho sendas propuestas de interés. Pérez Castrillo ha propuesto un pacto local, para ir todas las instituciones en la misma dirección, con el complemento de otro interinstitucional, para fijar objetivos de futuro con las administraciones central y autonómica. Pérez Mariño exige que, cualquiera que gobierne, todas las fuerzas políticas se comprometan a hacer juntas gestiones ante otras administraciones, de las que haya que obtener algo. Con apariencia de peregrinación a la santera, bien es verdad. Hay otros modelos de gestión, sin duda, pero estos dos me parecen presentables. Y por añadidura pueden ser nuestros pactos, los de los ciudadanos, y no solamente los de los partidos.