UNO DE LOS elementos compositivos utilizados más profusamente en español es -logo, que significa 'persona versada' o 'especialista' en lo que el primer elemento de la palabra indica. En la vida diaria encontramos especialistas con este tipo de nombres sobre todo en el campo de la medicina (ginecólogo, oncólogo, psicólogo...) y en el de la ciencia (zoólogo, arqueólogo, lexicólogo) . El Diccionario recoge un centenar y medio, pero hay más. Muchos nombres de especialistas apenas son conocidos fuera de su área de actividad. Es el caso, por ejemplo, en el ámbito de la zoología, del cinólogo (lo suyo son los perros), el conquiliólogo (naturalista experto en las conchas de los moluscos), el ictiólogo (estudia los peces), el mirmecólogo (hormigas) y el mastozoólogo (mamíferos). En la medicina hay nombres que apenas se usan. El quinesiólogo se ocupa de los procedimientos para restablecer la normalidad de los movimientos del cuerpo; el tisiólogo, de la tuberculosis; el tiflólogo, de la ceguera; y, ya alejado de los humanos, el hipólogo se dedica a la veterinaria de caballos. En el campo del lenguaje, el paleólogo es quien conoce las lenguas antiguas; el paremiólogo, el que estudia los refranes; y el etimólogo, quien se dedica a investigar la etimología de las palabras. Hay personas versadas en los temas más dispares: el mariólogo, lo es en lo referente a la Virgen; el trofólogo, en la ciencia de la nutrición; el vexilólogo, en banderas, pendones y estandartes; el timbrólogo, en timbres del Estado; el numerólogo predice el futuro a través de los números; el demonólogo se ocupa de los demonios; el ficólogo, de las algas; y el ludólogo, del juego y sus efectos en la sociedad y en el individuo. Cierra la muestra con una nota melódica el campanólogo, que es la persona que toca piezas musicales haciendo sonar campanas o vasos de distintos tamaños.