García Márquez y Castro

OPINIÓN

15 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

CONOZCO a Gabriel García Márquez y puedo imaginar sus tribulaciones y su calvario ante las ejecuciones perpetradas por su amigo Fidel Castro. El gran escritor colombiano, Premio Nobel en 1982, se ha manifestado siempre contra la pena de muerte y, sin embargo, no ha encontrado palabras para condenar las recientes ejecuciones castristas. Por el contrario, y sin pronunciamiento individual alguno, el autor de Cien años de soledad ha suscrito, con otros 160 intelectuales, un manifiesto de condena del acoso estadounidense y de solidaridad con Cuba. Las críticas han llovido sobre él. Mario Vargas Llosa, su gran amigo de cuando ambos malvivían en París y ahora enemistados desde hace más de veinte años, lo acusó de haberse acomodado a los abusos y atropellos de los derechos humanos en Cuba, y lo calificó de «cortesano» de Fidel Castro. La novelista estadounidense Susan Sontag, reciente ganadora del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, también le recriminó con dureza su silencio. García Márquez le respondió que siempre estuvo contra la pena de muerte y que son muchos los disidentes y conspiradores cubanos que alcanzaron la libertad por su intervención ante el líder cubano. ¿Por qué se comporta así un escritor tan comprometido con las libertades y con la justicia social? Ha sido Vázquez Montalbán quien mejor se ha acercado a la verdad al decir que el novelista colombiano, más que afinidad política, tiene una amistad personal «más engorrosa que beneficiosa para él» con el presidente de Cuba. Muchos intelectuales se han ido alejando de la órbita castrista con el paso de los años. El último ha sido José Saramago. Todos admiraron una revolución que despertó más expectativas que ninguna otra en América Latina, pero les tocó ver, a cada uno en su momento, su esencia totalitaria y su cruento declive. Sólo García Márquez, petrificado, permanece fiel al hombre que un día dijo en público que quería reencarnarse en el escritor. Es el precio excesivo de una amistad que no se quiere claudicar., una amistad quizá más allá de la razón.