La tregua de la debilidad

JOSÉ MARÍA CALLEJA

OPINIÓN

QUÉ CASUALIDAD que cuando la policía española golpea con mas fuerza y eficacia al grupo terrorista ETA, éste levanta la mano y, como un ciclista al que se le pincha la rueda o como un boxeador sonado, levanta la mano y pide tiempo y ayuda al partido guía. Qué casualidad que cuando más nítidamente perciben los etarras que su tiempo se acaba, acudan en su ayuda dirigentes del PNV y de EA, cargos institucionales, con discursos que insultan a los medios de comunicación -«GAL mediático»- y que sostienen, muy serios, que aquí no hay libertad. La ventaja que tiene el espectáculo de los últimos días es que se percibe con claridad que ETA y el PNV y EA forman una unidad de destino en lo universal, en la que cuando uno afloja -golpes policiales, ilegalización, fin del chollo universitario, desprestigio social, etcétera-, sale el otro en su ayuda con discursos de grueso calibre -muerte civil de los vascos, ataque a la identidad, democracia putrefacta, insultos con diana-. Es un trabajo complementario que permite hablar de vascos comunicantes , que funciona como la teoría de los vasos, pero tiene mucha menos gracia. El caso es que gracias a la extrema debilidad de la banda terrorista hoy se puede hablar de una tregua que, de producirse, sería un triunfo de todos aquellos que durante años llevamos insistiendo en la necesidad de llamar a las cosas por su nombre, aplicar la ley y tratar a los que matan como criminales y no como a ovejas descarriadas. Pero, cuidado, ETA ya nos quiso engañar con la falsa tregua de 1998, cuando se vistió también como rasgo de generosidad lo que no era sino evidente síntoma de debilidad. Ahora se quiere hacer un cambalache en el que ETA se quiere mostrar con un perfil amable, y el PNV asume el trazo grueso del discurso de la banda, todo con un mismo fin: seguir en el poder, mantener los votos, o aumentarlos, y que el negocio siga en pie. Es curioso. El insultador Ibarretxe dice que el PP y el PSE-PSOE quieren desalojarle del poder. ¡Pues claro!, ese es el juego político, ese es el juego democrático: acumular fuerzas para ganar unas elecciones y llegar al poder para desde él poner en practica un programa que se considera mejor que el del rival. Esta obviedad -que puede llegar a entender, si se le explica bien, incluso Ibarretxe- es la esencia de los sistemas democráticos. Lo que ocurre en el País Vasco es que no hay democracia y hasta ahora había chulería de quienes la impedían a base de sangre y miedo. Por suerte, poco a poco, los violentos empiezan a sentir las consecuencias de su desprestigio social y eso parece que provoca más alarma que el hecho cierto de que las gentes del PSE-PSOE y del PP vivan en una especie de clandestinidad, no puedan dirigirse a sus convecinos en condiciones normales y tengan sobre sus cabezas la pena de muerte con tiro en la nuca que establece el terrorismo nacionalista para los que se salen del rebaño.