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05 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.¡Acabáramos! Me ha costado años entender que los héroes de la televisión no tienen nada que ver con los de la realidad. La condición mediática de aquellos establece la diferencia y, del mismo modo que hace de un escritor mediocre un superventas, hace de Dinio, Tamara, Yola Berrocal, Aramis Fuster o Pocholo Martínez-Bordiú unos ídolos capaces de atraer la atención de multitudes televidentes. Ni telebasura ni telegaitas. Ellos son, con su insuperable mediocridad y sus zarrapastrosas peripecias, los verdaderos amos del cotarro de la telefanfarria nacional. De un modo todavía no suficientemente estudiado, se retroalimentan de la nada que son y se vuelven casi imperecederos a condición de no cambiar ni dotarse de atributos. ¿Son los bufones de nuestra aldea global? Quizá. Pero ni Woody Allen ni el propio Marshall McLuhan sabrían decírnoslo. ¿Bufones tal vez del pueblo soberano? Mañana, miércoles, otra televisión nacional lanzará la siguiente hornada de La isla de los famosos , con otros dieciséis genios que no tienen otro mérito ni fundamento que su apabullante y descocada presencia en unos programas destinados a acoger sus acalorados y delirantes debates. ¡El éxtasis continúa!