El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
EN ROMÁN PALADINO
04 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ALFONSO es un concejal, de mi pueblo, joven, recién casado, universitario de profesión liberal; con excelente sentido del humor, sin manías políticas, buena gente. Forma parte de un consistorio que obtuvo el mandato de gobernar un concejo de la Galicia del Cantábrico. Pero da igual, lo que importa es que forman un grupo de personas de las que hasta la oposición política habla bien. Honrados, trabajadores, ilusionados con la idea de mejorar lo nuestro, que no es otra cosa que nuestra comunidad de vecinos. Supongo que algunos dirán que exagero y, otros, que en el mapa de nuestra tierra hay muchos así, con independencia de las siglas políticas que representan. Si es así, me alegro por mi país. Estamos en el camino para cambiar el mundo de la confrontación por el de los acuerdos. A esta gente les brillaban los ojos cada vez que me hacían partícipes de sus proyectos para la recuperación de las viejas fábricas de salazón de pescado, la oferta de un puerto que está infrautilizado o la ampliación de nuestro Museo Provincial del Mar, donde está nuestra cultura y nuestro orgullo de mariñáns. Son de aquí y están comprometidos con el futuro, por edad y talante; sin cerrar la puerta a nadie, abriendo la fórmula del mestizaje entre seres humanos que llegan procedentes del tercer mundo, que no podemos ignorar, entre otras causas por que también habla castellano. Si es así, en otros lugares y en este momento electoral, me alegro por mi país. Es preciso que la política no sea otra frontera a superar por los de las espaldas mojadas. No les he visto discutir sobre el contenido mediático del fragor de la contienda entre los pontífices de la verdad, que muchas veces nada tiene que ver con las demandas del paisano en su pueblo. A ellos, que son gente corriente, les apasiona que los chavales puedan hacer deporte, que los mayores tengan paseo, que nuestras calles y plazas estén limpias, que se celebran las fiestas patronales con hospitalidad, que A Maruxaina reine en el verano lucense con la declaración de fiesta de interés turístico para Galicia. Si es así en otros lugares, y no descubro nada nuevo, es que la generación de la democracia tiene otro talante, más próximo a la realidad social, y menos dependiente de la verdad oficial que obliga a llevarse mal con el que no piensa como nosotros. Ojalá en la Euskadi de la que vengo, sean capaces de encontrar otros como Alfonso, a lo mejor esa es la solución al conflicto.